Historia global y Pobreza cotidiana

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Historia global y Pobreza cotidiana

Mensaje por M.Kaminecky el Sáb Jul 30, 2016 1:03 pm

HISTORIA GLOBAL Y  POBREZA COTIDIANA
                                                                         
El propósito de este trabajo es ordenar  algunas reflexiones y adelantar interpretaciones  que surgieron de frecuentes diálogos  con Hilda, una mujer de 43 años, que vive en Merlo, una ciudad del oeste del Conurbano Bonaerense,  trabajadora informal y beneficiaria de la  asistencia del estado. Se trata de una historia compartida por muchas mujeres que viven en contextos de pobreza urbana.
Con más precisión se trata de entender cómo se conecta el mundo más amplio de la pobreza-  el de la economía política, la historia,  las categorizaciones académicas- con   el universo cultural local de la vida cotidiana de una familia que construye su existencia con un mix de componentes socioculturales muy frecuentemente asociados: exclusión económica,  segregación espacial, precariedad habitacional y vulnerabilidad social que afecta el desarrollo humano.
A partir de esta  relación el interés se centra en  desentrañar significados en experiencias de vida familiar en contextos de pobreza urbana,  donde paradójicamente proliferan referencias del mundo global que desde una mirada apurada podrían estar desconectadas  y hasta resultar “extrañas” al mundo de las finanzas, de las definiciones académicas, de las resoluciones de los centros capitalistas. Sin embargo, como una corriente subterránea se infiltran permanentemente en la construcción de realidades cotidianas, desde ya  cuando lo local tiene el alcance de lo nacional, que es tal si nos reconocemos periferia;  pero también, cuando se asienta en la historia mínima, la barrial, y aún más la familiar que parece tan lejana a lo macro.
¿Cuánto y cómo lo global se entreteje en lo acontecido en los territorios mínimos de nuestra pobreza?
El antropólogo que vive  y le preocupa lo raigal de la pobreza en nuestro país suele tener familiaridad con este mundo como residente, observador, investigador  o bien como activo militante. Esta familiaridad cotidiana puede considerarse un impedimento o una ventaja según como se conciba el trabajo de campo. En  este caso se parte de la idea de que el descentramiento como operación vital del antropólogo y la reflexividad teórica,  reservan para cualquiera de los lugares antropológicos cierto grado de alteridad.  
Cuando la pobreza es lo familiar en el contexto de vida y trabajo,  el proceso de extrañamiento que debe operar el antropólogo apunta a descolocar la experiencia de la simplificación, de la reducción por su  deshistorización y de la uniformidad que desconoce las tensiones y disputas que el sentido común aprisiona. Los distintos órdenes que deben espiarse para desocultar pueden ser la subsistencia económica, las condiciones desiguales de poder de presión y decisión, las relaciones sociales asimétricas que envuelven las prácticas, los reñidos espacios de apropiación simbólica para fabricarse como personas. Pero también se puede ampliar el enfoque y proceder a insertarlo en la estructura del contexto global, en un interjuego global-local, que es lo que se intenta hacer en este trabajo. Esta operación subjetiva y epistemológica puede apreciarse como una especie de desantropologización   en  el trabajo etnográfico (Carvajal;1994) y sin duda  se presenta como una praxis comunicativa  e intersubjetiva  donde dos existencias se confrontan en el campo: la del antropólogo y del informante.
La antropología está marcada, desde sus inicios,  por una tensión recurrente: cuánto de naturaleza y cuánto de cultura, de aprendizaje,  entraña un comportamiento sociocultural. En este siglo, a partir del proceso de ampliación de la globalización capitalista a los territorios del socialismo soviético, chino, cubano, cobró importancia la tensión global-local que actualmente  es motivo de diversos planteos, desde los que la posicionan como central para entender la diversas tensiones que plantea la diversidad cultural, hasta quienes la ven como una reedición de lo central-periférico.
La relación que nos inquieta intenta despejarse a partir de recursos teóricos y metodológicos de   la  etnografía  del presente que  después de la crítica de los años ´60 y  la reacción narrativa de los ´80  apuesta   a una línea  hermenéutica en cuanto a sus enunciados, heterogénea en cuanto a  recursos metodológicos empleados  para la traducción de las particularidades culturales,  y sobre todo,   un tono  mesurado y más precavido en sus sentencias  (Bartolomé;2004). Junto con estas iniciativas se necesita la admisión de la existencia del  hecho empírico y dejar de darle mayor importancia a  la idea de que el propio autor es enteramente responsable de la creación del hecho. La performatividad del discurso que planteara Foucault, resaltando el límite de la referencialidad de los discursos, es por cierto sugerente para desmontar el positivismo,  pero ello no explica la complejidad de la totalidad del mundo de los subalternos. El plano empírico es innegable, lo dado y lo construido, lo material y subjetivo se empastan para que la interpretación del antropólogo se interponga y la complete.
Tampoco podría encararse este juego de niveles amplios y restringidos si no se postula que  puede haber  realmente conocimiento antropológico y se mira con reservas  otra de las ideas desafiantes de que no hay conocimiento de la realidad. El conocimiento de la realidad es histórico y es el que es posible con las herramientas y profundidad que admite el desarrollo de la ciencia.  Este se produce  en el trabajo de campo con el requisito de que el investigador exponga las condiciones de producción del texto en razón de ubicarlo en un sitio equivalente a la realidad fáctica que se desea estudiar y a los recursos que da cuenta
El mundo de Hilda (viuda, sin educación formal completa, que vive del trabajo informal, en condiciones muy precarias, con tres hijos, uno fallecido  a los 14 años,  y sus yernos, más sus nietos ) es una oportunidad para adentrarse en  el mapa de los significados que se entraman en la experiencia cotidiana de vivir  en la pobreza del Conurbano Bonaerense , que se comunica con la de muchas otras familias parecidas.
Se parte de pensar las ontologías como manifestaciones del ser y estar  en el mundo social y  cultural cotidiano de familias que viven en la pobreza y vulnerabilidad social y económica. Estas ontologías tienen el carácter de universales  por ser formas intelectuales y morales  producidas por los humanos, pero por otro lado particulares por darse de un modo social, histórico y espacialmente localizado Lo universal de estas existencias se presenta desde el comienzo como estructura de oportunidades restringidas, y al mismo tiempo  un sustrato cultural compartido que nos remite a las condiciones generales de existencia en  nuestro país, en un punto de intersección de periferias (Wright, 2008).
La pobreza  en América Latina está  marcada históricamente por el imperio colonial desde el siglo XV, por el neocolonialismo comercial del siglo XIX y ahora por la subalternidad que nos reserva  la globalización  capitalista después del derrumbe del ordenamiento bipolar.
Pero lo dicho no es suficiente para ampliar la complejidad de la realidad, que aún así seguirá mostrándose abstrusa.  La condición existencial es un hecho de producción y contextualizado en lugares  específicos. Cuando se piensa el humano en su contexto, esto es en el Conurbano Bonaerense, de Argentina, que forma parte de América Latina; R. Kusch puede ofrecernos la concepción dinámica y comprensiva que necesitamos para pensar estas familias. No se trata de definirlas en el límite y la determinación del  ser sino en el estar siendo en las condiciones de vulnerabilidad, y por lo tanto de inestabilidad que demanda ajustes permanentes. El mismo R. Kusch en su vivencia del pueblo en América nos aparta de la dicotomía del ser y estar; lo oscuro y lo luminoso; lo culto y lo inculto para pensar ambas cosas al mismo tiempo. La permanencia en el cambio: Si la pobreza es lo permanente en América latina, también es el cambio en la pobreza. En el pueblo de América latina, la pobreza construye vidas vulneradas de manera permanente, que por ser inestables no son permanentes ni seguras. Se trata de ser-en-el-mundo alterado y significado como forma  dialéctica entre la cultura, la historia, el suelo y el sujeto.
Nuestro  énfasis está puesto en lo significado  por Hilda  a los efectos de interpretar los contenidos de ciertas imágenes que fueron seleccionadas por entenderlas potentes para hablar de un modo de estar y ser en la pobreza. Estas imágenes se presentan significativas para nuestra cultura, y para comprender de qué se trata esta cultura. Clifford Geertz nos dice que la cultura no se encuentra  en las propiedades esenciales o en su estructura ( mental, espiritual) , sino en las acciones; la cultura-como trama de significados-  se conforma en la acción de los grupos, pero también en los diversos tipos de individuos que existen en el interior  de cada una de ellas, de modo que si la concebimos como una estructura se trata de una  estructura disuelta, desparramada , porque la cultura   antes que determinada, es lógica y significativa .


SIENDO Y HACIENDO POBRES

La pobreza como universo donde  se construyen  existencias podemos remitirla a la articulación entre los procesos macro  y las situaciones mínimas ( Jackson,M; 1998). El binomio macro/micro puede encuadrarse en el mismo orden de otras tensiones que aborda la  teoría antropológica como  estructura/historia y  sistema/agente.
La conexión  reviste calidades y cualidades diferentes porque  el mundo amplio, el de las fuerzas macroeconómicas y políticas, no siempre se infiltra con la misma fuerza: puede que  resuene sin énfasis en las existencias cotidianas, en una suerte de registro plano, sucede mientras sucede diría P.Virno en Gramática de la multitud ,  o bien que circunstancias locales regulen o frenen selectivamente los flujos globales , también  que el mundo global  desborde las existencias no dejando entrever sus propias condiciones de posibilidad .
Una de las situaciones donde irrumpe lo global es en la situación histórica- estructural de subalternidad. Esto nos habla de las formas de apropiación y circulación del capital cultural en América Latina y de su papel en la reproducción y transformación del sistema social. El desenvolvimiento de las fuerzas productivas y las relaciones sociales, con la colaboración de la dirigencia nativa ha ido conformando para el pueblo un lugar social devaluado, hábitos, prácticas y formas de conciencia y de vida engendrados a partir de la descalificación y el desprecio de lo propio, alimentado por la ilusión de  superioridad y modernidad de Occidente.
También se cuela por el sobreconsumo como identidad global  de pertenencia de  personas adineradas y pobres en el mercado. El capitalismo contemporáneo además de global es plural y discontinuo- sostienen los hermanos Comaroff- Las transformaciones del capitalismo neoliberal con sus características de pobreza estructural, incremento de la desigualdad social, modificaciones del trabajo formal e informal,  ha escogido la vía del consumo como programa que sustituye el énfasis de la producción industrial. El trabajo ha sido resemantizado para civilizar en  novedosas modalidades precarias e informales. Como son  muy insuficientes para producir sus condiciones de vida, el estado se resigna a distribuir subsidios, asistencia, planes y pensiones  para rehacer el consumo mientras en el Capitalismo mundial explora distintas estrategias que van de las actividades laborales en las economías ilegales, la producción en territorios de pobreza de sustancias para el consumo a nivel global, regional y local, la criminalidad, además de los ya conocidos del capitalismo de las finanzas, inmobiliario, rentístico.
Esto hace más vigente que nunca el extrañamiento como condición para determinar la producción de la vida social. Es necesario romper con la naturalización de los regímenes económicos en determinados contextos y dar cuenta de estas discontinuidades y fragmentaciones que son productos de una nueva constelación de desigualdades , abusos y violencia.  
Desde otro ángulo el consumo no sólo va dirigido a los bienes materiales, el consumo sirve para pensar dijo Garcia Canclini, y para ser decimos nosotros. El dictamen indica que quien no consume no tiene existencia, de modo que las formas de vivir en la pobreza son también el resultado de una apropiación desigual de los bienes de consumo y consumiendo elaboran sus condiciones de vida, pero más que eso, interaccionan con los sectores hegemónicos. En el consumo los pobres  no sólo asisten a un acto de pertenencia, pugnan por no convertirse en inexistentes, sino que  ese acto  de obtención de objetos de distinción expresa también una tensión definitoria para las relaciones sociales, la de la apropiación de  bienes que supuestamente están destinados  a los económicamente solventes. Esa irrespetuosidad habla de una disputa que se manifiesta en los resquicios de la forma hegemónica del capitalismo periférico, la del subsidio al consumo,  lo que explicaría en parte  el consumo ajeno a las necesidades básicas que suelen practicar las familias pobres  y que las clases medias suelen reprocharle.
La injerencia del mundo más amplio es creciente en  las vidas cotidianas de los pobres si evaluamos  además  el esquema de valoraciones  generalizado por  la divulgación de los medios masivos de comunicación y  las oportunistas definiciones en los discursos políticos. Distintas instituciones y profesionales distribuyen mediante su intervención en el campo social,  la educación, la salud, el trabajo, una colección de saberes , pareceres  y dictámenes sobre  las distinciones de lo que importa y no, de lo posible y no, de lo esperable y no, circula en los espacios de pobreza producto de este intercambio.
El pensamiento académico tiene un papel relevante  en estos procesos  de filtraciones globales. A través de sus definiciones autorizadas científicamente por la Academia  cierto linaje  de autores se vuelven acreditados para orientar la teoría y práctica del trabajo en y con  los pobres, que  finalmente  se encarna en las  vidas cotidianas de los actores .
.En las dos primeras décadas del siglo XX el proceso de secularización abandonó la concepción cristiana del pobre asociada a “bondad ”,“inocencia o credulidad ” susceptible de caridad y piedad y el pobre pasó a considerarse desviado.  Era necesario civilizar y disciplinar a aquellos pobres para el trabajo con horarios pautados, turnos rotativos, en condiciones incómodas, sin previsión ni garantía. También debían abandonar sus hábitos y estilos de vida inapropiados para formar parte de una nación que estaba haciendo esfuerzos por ser reconocida como sociedad moderna. Pero los criollos, negros y migrantes se encontraron en las “orillas”  y protagonizaron - con los jóvenes de clase media de FORJA-   una revolución cultural que sería el anticipo de la extendida participación política destinada a  abandonar el lugar de inexistentes que les reservaba el régimen de la minoría agroexportadora. De  desviado  el pobre  fue resignificado ahora como amenaza  al orden, dañino por ligado al comunismo o al anarquismo y rebelde por su recelo al imperio.
 La elite patricia reaccionó con  la política higienista de la  “ley de Defensa Social” y  los pobres  extremaron sus métodos; por eso cuando no pudo ocultarse su importancia  se procedió a encuadrarlos ( desde el  despreciativo cabecitas negra al paternalista  mis grasitas)  y de a poco a  instituirlos gremialmente, definirlos y establecer cánones de actuación  .
En las dos  últimas décadas del siglo XX se hizo clara la  crisis del esquema mundial bipolar  y  sus instituciones. Se relajaron  aquellas  estructuras coercitivas que funcionaron  en beneficio de  la unidad lo que permitió  la incursión de lo múltiple en la totalidad social. Con Instituciones cuya estatidad estaban en declive  ya no se pudo  mantener la sustanciación de la pobreza; la eficacia simbólica del estado dejó de ser confiable para producir alguna definición  de identidad predominante, había entrado en un territorio de fragilidad el sacrificio voluntario por la patria.
Instalada la diversidad  en las situaciones de pobreza se fue horadando  la supuesta  unidad de sometimiento, y pasaba lo mismo con la identidad de radicalidad  y conciencia política por parte de los subalternos. No existió más  el pobre, el resistente, el trabajador, éstos se constituyeron en  pobres, resistentes, trabajadores. Tampoco una liberación  sino diversas liberaciones.
En esta elasticidad los pobres se apropiaron de sus sistemas de usos y hábitos resultando un proceso de agencia y control que la Academia detectó y elaboró esta observación en una nueva perspectiva de la pobreza, la pobreza como territorio de sentido, de existencia. Este paso  de estado negativo de“degradación y desvío”a territorio de  “producción” apuntó a revertir estigmatizaciones,  autorizando la pobreza como lugar de construcción de identidades. Ser pobre no es indigno sino que se puede construir dignidad y humanidad en la pobreza.
Esto fue un importante avance en el entendimiento de una realidad tan compleja como huidiza por los usos políticos de la misma en nuestras sociedades de desigualdad y corrupción. Tiene notables consecuencias por el reconocimiento de la dignidad y derechos de los pobres, pero sucede que esta concepción,  despojada del análisis crítico al capitalismo, al papel de la población estigmatizada en la acumulación de poder de las clases hegemónicas, al factor de iniciativa de emprendimientos y negocios públicos en el contexto de regímenes políticos sin activismo y control permanente, se convierte en una romántica y despolitizada descripción  de sus identidades. Además es necesario tener en cuenta que los pobres no conforman una cultura diferente,  viven , como los otros sectores sociales,  en una sociedad capitalista, tienen aspiraciones de clase media también, comparten valoraciones y esquemas simbólicos de la cultura hegemónica, frecuentan sitios parecidos, son teleaudiencia de los medios de comunicación como el resto de la población,  por lo tanto  no conforman una cultura diferente, son como nosotros, con nuestra historia y proyecciones aunque procesan sus experiencias con otros recursos y disponibilidades .
Hay que tener cuidado de no desdibujar el papel de la cultura dominante que puede no deja ver la pobreza como producto de la desigualdad, de políticas económicas, sociales, educativas, culturales y sanitarias; es decir, siempre resaltar que emergen de un conflicto económico, social y político, y a esto  no ayuda enfocarse en lo cultural, la identidad, sus prácticas, estrategias y habilidades. Las identidades en la pobreza son producto de un estado de situación que hay que conocer para combatirla  no idealizarla. Allí se resiste, se delinean moralidades legítimas, se montan resistencias, sin embargo esta pobreza dotada de creatividad  cultural   no exime  a la Academia de la responsabilidad ética y política de condenarla por tratarse de un espacio  socialmente inaceptable  para la construcción de individuos plenos en el trabajo, de ingresos, la salud, educación, la política y las  responsabilidades en el actual estado del desarrollo de la humanidad.
En síntesis, la crisis de las instituciones del estado que ya no conforman un imaginario homogéneo, la condición de subalternidad que ha quedado transparentada a partir de las luchas sociales,  el consumo como signo de pertenencia después de la crisis capitalista neoliberal ( antes el consumo era condenado), las teorías sociales  sobre pobreza,   y con ella  una nueva epistemología que “empatiza” con el otro son algunos de los signos que evocan la presencia de la globalidad aún en las “mínimas” experiencias de vida en la pobreza del Conurbano Bonaerense porque tienen sus consecuencias en ella.


 MUNDO-SUELO-BARRIO:
                                      “ Yo no sabría que hacer en otro lugar. Aquí tengo mi casa…
                                        conozco la gente , sé con quien tengo que cuidarme
                                        y en quién confiar…Lorena quería irse a Quilmes
                                       donde vive mi hermana… duró una semana...”

La estructura básica de ser se da en el mundo. Ser-en-el-mundo es un ser no constituido sino que está siendo, esto es,  un ser  temporalizado. Enfocada así la cuestión el suelo como lugar de residencia  puede ser tratado como   condiciones materiales, sociales y subjetivas de instalación,   como la materia prima de posibilidades “con las que el ser debe tratar siendo.
Pero también es posible otra perspectiva: detrás de toda cultura está el suelo, dice Kusch,  y lo afirma en el sentido de “asiento” simbólico, espiritual, moral,  no precisamente físico . Se trata del arraigo que debe tener toda existencia para no caerse,  para sentirse “afincado”.
No se puede dejar de actuar como ser social y reconocido en un tiempo histórico, y eso se aprende en el mundo próximo en el que se nace, el  “mundo mínimo” que es el primer lugar de sociabilidad o historicidad del hombre.
Esta introducción interesa para tratar algo que resaltó en nuestro trabajo: En el suelo, el hogar, el barrio el acercamiento entre el mundo privado y público y  la desmesura como estrategia de manifestación de esta aproximación .

Desciendo del colectivo. Es domingo y el barrio tiene un poco más de  calma  que durante la semana. Por sus calles de tierra no pasan los colectivos, tampoco hay un centro comercial; No está forestado, sólo se ven algunos arbustos y pasto. algun auto viejo se  puede ver estacionado en garajes improvisados o en el patio de la casa. En sus calles hay  varios  neumáticos de automóvil tirados, un auto siniestrado, un caballo pastando en la vereda .Están esparcidos trapos y bolsas de plástico, algunos sueltos otros incrustados  en la tierra. Me acompaña durante una cuadra la  música de Rodrigo. Un cartel de cartón en un galpón de chapa indica que allí funciona un pelotero. En los patios se ven sillas de plástico blanco, familias tomando mate, niños jugando a la pelota  y  en la esquina , un pequeño grupo de jóvenes  tomando cerveza y escuchando cumbia del celular.
Salto la cuneta y estoy frente a la casa de Hilda. Veo que el  portoncito de madera se ha roto y no se lo puede arrastrar. Lo salté por indicación de ella. Está avanzada la construcción de una pieza de material que la Municipalidad le aprobó mediante el  Plan Construir…  incluye un baño instalado completo. … “Esta bueno vio…me lo hicieron todo ellos…no me puedo quejar, venga que le muestro cómo está quedando” Estuve cuando se habían planteado los cimientos y los hierros expuestos.  Alberto,  su hijo , está acostado mirando la tele .Compré   la  TV usada  por 200 pesos – me muestra- “La estoy pagando  en cuotas de 16 pesos por mes. Hilda duerme con Alberto  en la misma pieza. En la otra que se improvisó en el comedor duerme la menor con su marido y la mayor en una pieza que se está construyendo en el fondo…
 
Los barrios tienen límites físicos o simbólicos. No,  Eso ya es Barrio Espada (…)Sin embargo no hay nada visible que lo indique. Hay consenso en muchos  autores ( Appadurai;1997) que  la globalización inaugura un mundo de poslocalizaciones donde  se ponen en contacto culturas, trabajos, códigos y cotidianeidades dispares que siguen teniendo  algo del misterio que puede recuperar el antropólogo. Estas intersecciones culturales sin embargo reconocen fronteras lingüísticas, religiosas, étnicas pero porosas, no las  compactas distinciones  que supo instalar la modernidad entre lo público y lo privado y a su modo siguen  significando diversidad.
En el barrio de Hilda,  el afuera y el adentro, lo público y  lo privado ha sido trastocado por la fuerza de la improvisación  en la pobreza y dejan de funcionar como   sistemas diferentes. Dos realidades contribuyen a esta “unificación público-  privado”:
a) Para el sentido común ”la legítima”: la  precariedad de los  insumos materiales para resguardar lo íntimo( paredes, cercos, silencios, comodidad habitacional). Aquí la vida cotidiana  se percibe, se escucha, se participa sin desearlo desde afuera. Se escucha la música con alto volumen, se almuerza a la vista con la ventana abierta,  cada vez que se sale al patio o porque se está en el patio,  se expande la risa y el llanto de niños, ladran los perros al mismo tiempo, se exponen las emociones  y las peleas familiares con sus desbordes. Todo esto   conspira  contra  la supuesta reserva de los asuntos personales como espacio incontaminado de lo público. Para ellos está dentro de la normalidad, sin embargo para nosotros se trata de un espacio violado que por la densidad  y simultaneidad de los intercambios se presentan como desmesurados, como incestuosos. Se ha juntado algo que debe permanecer separado diría L. Strauss.
b) La otra,  “la bastarda”: la manipulación de lo privado como medio de sensibilización para la obtención de prestaciones, favores y  recursos. Una muerte, las disputas conyugales a los  golpes, un  marido preso, el familiar enfermo, se convierten en moneda de cambio para promover actitudes de solidaridad vecinal, institucional, profesional o política. Cuando Hilda buscó solidaridad en la escuela por un suceso personal  el relato desmesurado de su historia  fue la garantía de una tramitación particular por parte de las autoridades y  la generación de una corriente empática que reforzó la victimización por parte de la institución  poniendo  en acto  enunciados paternalistas y disculpatorios sustentados  en  convicciones de  carencias e incapacidades de distintos tipo. Campeó aquí  la tolerancia a Hilda por su condición de pobre, de carenciada, de ignorante que hay que tratar como parte de su vida plagada de desarreglos.
En  la fusión de lo público y lo privado, en esta desmesura que referimos son de uso corriente las emociones que se actualizan transgrediendo el perímetro de los imperativos normativos hegemónicos.
El alcance de los afectos y las emociones no suele ser  reconocido por el paradigma racionalista cuando se trata de  decisiones de orden económico como las producidas en la pobreza donde se presume que todo es cálculo. Respecto de esto dominan dos concepciones, la de los pobres felices y despreocupados y la de los pobres angustiados que viven para  el estómago, cuyas  actuaciones están  determinadas por decisiones económicas  preferentemente Pero los sentimientos y  las emociones son un registro que está al orden del día para todos los humanos, en todo tipo de decisiones.  No son siempre puros, espontáneos, también como forma de conocimiento  son trabajados  y  dependen de quien los pone en juego, según a lo que se refieran y  según su contenido.
Entonces, la comprensión de  aquella  desmesura que percibimos no es una deformación promiscua producto de vivir en la pobreza. Se acerca más a una estrategia de escenificación y actuación  para potenciar resultados  en el marco de familias inestables, trayectoria de padecimientos, recursos discontinuos y escasos y a menudo,   instituciones incompetentes. De un Estado  que los interpela desde su invalidez para resolver sus problemas (sujetos  de contención) emerge una amplia variedad de procedimientos para sensibilizar según la estructura de oportunidades y el lenguaje político cultural de la época: ayer autoritarios, hoy tolerantes.
Es interesante mencionar que la desmesura de la que hablamos significa además  al interior de muchas historias que relatan los propios actores en situaciones de vulnerabilidad social. Y aquí aparece otro tópico a tener en cuenta para dimensionar la complejidad que queremos hacer notar. Las partes del conjunto de cada  historia cuando se los escucha se ensamblan en el relato como agregación de dramas: La posesión del terreno, la estafa, la pérdida de empleo, las enfermedades familiares, algún juicio, la falta de dinero, la desafectación escolar de los hijos, el callejeo de los varones, el embarazo de las jóvenes, todos sucesos que hablan de un descuido prolongado por parte de las instituciones del estado, de la propensión a hacer rentable la pobreza y de la negación de la condición de igualdad social y económica.
En la pobreza nos enteramos que  proliferan  situaciones traumáticas, familiares, de salud, laborales. Las experiencias traumáticas pueden ser potentes  para entender lo que se es, sabe y piensa porque como dramas sociales y escenificación simbólica nos ofrecen concepciones, percepciones, moralidades que son parte de lo diverso de nuestra cultura.
Como  lo señaló el antropólogo inglés V. Turner en los rituales, estos dramas también pueden observarse respetando su secuencia: el quiebre de la situación, el estado de liminalidad o de ambigüedad y  reintegración a una nueva  normalidad. De la muerte de su  marido para Hilda  resultó la conciencia de poder hacer y por eso seguir siendo: Viviendo su marido pensó muchas veces abandonarlo pensó muchas veces pero no se animó a dejar la casa porque no se sentía capaz de alimentar a sus hijos. Cuando murió su marido puso en práctica  las opciones disponibles: Como  no se permitía dejar solos a sus hijos  debió pensar en algo que pudiera llevarlos consigo, entonces  salió a pedir  a familias vecinas  y luego a  cartonear. “Aprendí a buscar donde no hay”.
Luego la muerte prematura de su hijo trasmutó en  el agarre a una trascendencia  para la continuidad: “Mis hijos son mi tesoro(…) Si ellos están bien , yo estoy bien”
Suponemos una  instalación  relativamente ordenada y controlada en el mundo, de lo contrario tememos el caos,  la catástrofe existencial. Sin embargo no es la única manera de estar instalados en el mundo. En la pobreza estar  supone un compromiso con lo incierto que podría exasperar al racionalista que basa su perspectiva en el control. Se conoce que  la emergencia de sentido está ligada al mundo social del intérprete, el significado de un signo puede ser tal sólo para aquellos que lo habitan en ese contexto, mientras para los otros puede significar descontrol, magia, superstición.
Esta incertidumbre, inseguridad, no necesariamente  es equivalente al descontrol.  El cosmos no refiere solamente a una totalidad ordenada sino también a una cualidad indeterminada que los humanos esperan comprender. No se está fuera de control en términos de condición de minusvalía en la pobreza, en todo caso es una percepción de la inseguridad que tiene un registro diferente porque promueve ciertas acciones ya que otras están vedadas por las condiciones de fragilidad social y económica,  pero el descontrol existe en los otros  estados socioeconómicos.
Lo que sí pudimos observar es que la vida cotidiana  en un barrio donde predomina  la pobreza  instituye modos de ser y estar con componentes sociales y culturales singulares como estilos de vida que a menudo referimos como propios de los sectores populares.¿Podremos recuperar a Kusch para comprender  estos  componentes de la  América interna que resuenan en los sectores populares?.
Lo dado es todo lo que está…y lo que es no pasa de ser un mero episodio (Kusch; 1978). En esta América de la subalternidad no existe, porque no es posible,  el obligado  control del destino que reclama   el ethos europeo.
Pero si el destino no está bajo control, en la intersección de vidas vecinales  hay otros lugares de control, por ejemplo lo íntimo relatado  puede convertirse en territorio  de  control personal. Algunos episodios de la vida de Hilda se convierten en  misterio a través de la manipulación del relato de los hechos de su vida haciendo pública diversas versiones según la funcionalidad y la ocasión: a docentes, a trabajadoras sociales, a vecinos, a mí.
“Te contó cómo murió el marido-preguntó Isabel, una docente que conoce  a Hilda. Tomaba mucho y terminó en un hospital chupado  después de salir del trabajo”. No era la versión que tenía yo, que murió de una disfunción cardíaca. Aún morir chupado es inmoral para Hilda.
Y Aquí aflora el control. Confiesa que ella  sabe  cuándo  puede confiar. El criterio surge  de un saber de los procedimientos subjetivos que han resultado exitosos  entre  otros, de una disposición a la victimización que se aprende para ampliar el rango de posibilidades  de existencia y  que se asienta en un sustrato real de historia de sometimiento. En este proceso de adaptación-transformación  de estrategias, los medios de comunicación resultan una fuente importante: El canal de TV  “Crónica “ y el programa ”  Policías en acción” fueron evocados  con respeto para rescatar  procedimientos para salvar las situaciones de  inseguridad social.
Los pobres  habitan, toman decisiones, modulan tensiones, relatan historias y en esas múltiples operaciones  también creen tener el gobierno de la situación para afirmarse como existentes porque, creer que tenemos el control, es patrimonio de  humanos, pobres y adinerados.
El trabajo de Hilda de ordenar el relato nos conecta con la necesidad de  establecer el carácter activo que asumen las  personas para  “ser” humano. Hay un punto de partida en Heidegger para llegar a Kusch: el  ser  del hombre no viene dado, es mientras se constituye ser,  mientras desarrolla una relación con su ser. En esta tarea  de ser   el hombre  no puede negarse y tiene que enfrentarse con sus posibilidades  porque en esto consiste  precisamente él mismo.La existencia será  según el modo de ser. A  medida que se va incorporando el mundo, y éste nos va incorporando, el mundo se conforma y  uno se forma a sí mismo. Hilda, con cada versión de su historia,  va siendo y percibiendo  y actuando el mundo.
Dicho estas cosas lo cotidiano de la pobreza Lo cotidiano de la pobreza, puede verse como  suelo de existencia  en el que se ensayan políticas de apropiación, de uso, de consumo, como terreno  de estéticas definidas por los medios masivos, las instituciones formales y las propias, como constelación de  normas y valores inculcados por  el sistema educativo y  la vida social en el barrio,  usos y hábitos que tienden a dar forma a prácticas y concepciones.
Las marcas que deja la participación en contextos y situaciones de pobreza es conveniente entenderlas dentro de un sistema que como un mapa tiene ciertos caminos trazados por la desigualdad y la injusticia pero también es un trazado que admite recorridos elaborados con la habilidad de un vaqueano que adquiere más o menos perspicacia para apropiarse de los desequilibrios y discontinuidades de lo hegemónico. Sin embargo la pobreza no es un estado deseable para sobrestimar sus procedimientos de supervivencia porque si no acabamos encontrando en ella una cultura, que no lo es, sino que en la pobreza se genera un modo de pensar y estar   producto de la  relación de desigualdad política e inequidad económica, y que se mueve en un rango  de posibilidades y de variantes  restringidas en tanto  se circula entre algunas de las disponibles para los demás  
Puede observarse hábitos, modos de relacionarse, de percibir el mundo, su propia existencia, tratar a sus hijos, valorar la educación,  modos de resolver problemas, justificaciones, que corresponden con el espacio de pobreza en el que actúa, pero esta forma de pensar y conducirse   no es el elemento específico que explica su situación, es un componente  entre otros. Predominan visiones y prácticas que por eficaz histórica y socialmente permanecen  hasta que se pruebe lo contrario, pero estas creaciones no explican su ser y estar pobres sino que son producto de las múltiples subalternidades que encarnan  y por ende las multiplicadas hegemonías que padecen. El reconocimiento de la subalternidad no es equivalente a la exclusión lisa y llana.
Está visto que la diversidad de la vida en la pobreza sobrepasa por mucho el intento conceptual de encerrarla en un fenómeno; los  pobres no son una unidad, tienen  diferentes maneras de expresarse y comunicarse. No viven en  la pobreza como estado existencial  consistente y coherente, ya  constituido cuando se es arrojado a ella,  tampoco todos viven  en la misma pobreza Hay familias que son pobres y se sienten pobres, otras que no lo son y se sienten, hay otras que  son y se identifican positivamente con ella, otras que la viven como estigma, otras que especulan con ella, otras que la combaten, otras que se conforman y hay muchas familias que viven todas estas cosas en el tiempo.  
Son  individuos producidos por las diversas situaciones de pobreza en la que  transcurre su existencia y socialización, es decir viven con  pobreza,  al mismo tiempo que con sus actuaciones y  significaciones reproducen  un modo de ver la realidad y  dan vida a la pobreza, pero  también  la controlan, desafían y  resisten,   la viven a la pobreza  y en algunos casos  aprenden a vivir de la pobreza, mientras otros se amigan, la ignoran y la dejan transcurrir, son quienes viven en la pobreza.
 

MODOS DE SER Y ESTAR EN LA POBREZA

:                                    (…) cuando murió mi marido yo me di cuenta  de que podía alimentar
                                     a  mis hijos…antes tenía miedo por eso no lo dejé (…)

Una  evocación  rápida nos dice que la vida de las personas en las sociedades tradicionales estaba determinada por las costumbres y regulada por un compacto sistema de representaciones colectivas. No se tenía una relación específica e individual con las reglas o costumbres sino que era una relación indiferenciada y colectiva.
Las revoluciones tecnológicas, sociales, políticas y  económicas que condujeron al surgimiento de los estados alteraron los modos de subjetivación que adquirieron características particulares con las sucesivas transformaciones. La organización comunal dio paso al  hombre particular que se produce de manera diferenciada desde su propio grupo, clase,  género, profesión, e incluso como individuo. Apropiarse del contexto que  le toca vivir implica  crear e interiorizar capacidades humanas de producción y renovación de  sí mismo y su ambiente,  en la meta de un puesto mejor en el interior de una integración dada
Recientemente en las ciencias sociales se ha puesto en discusión las atribuciones de control del orden global en las vidas particulares que sostuvieron los relatos totalizadores. Las supuestas determinaciones económicas y políticas en las experiencias particulares dejaron de tener el carácter de límite y restricciones totales y fue admisible concebir afectaciones parciales, discontinuas y hasta ocasionales, ampliando los espacios de soberanía, elección y decisión para los sujetos, cuestión de lo que quiere dar cuenta la noción de agencia: os sujetos como agentes sociales activos.
Esta perspectiva, como ocurre con la renovación del concepto de pobreza, introduce un enfoque menos mecanicista pero corre el riesgo de trasladar al sujeto la entera responsabilidad de su producción y el debilitamiento de las determinaciones histórico-sociales. En realidad, se espera que la visibilidad de mediaciones y factores antes no reconocidos se admitan como parte de un proceso dialéctico de regulaciones y tensiones, n el que el sujeto interviene en el marco de posibilidades y restricciones que juegan con intensidades diferentes según el momento histórico y las condiciones socioeconómico de existencia. Se figura esta relación como una interdependencia dialéctica de términos contrapuestos: ser/no ser, acción/inacción (Jackson, M; 1998).
Aquí nos interesan las experiencias de vida en la pobreza y las formas subjetivas que se arman Si toda experiencia es una relación construida, entre uno y el contexto más cercano y más amplio, es en y con el contexto que los sujetos actualizan este movimiento de tensiones en la necesidad de pertenecer y comprometerse en el mundo propio y de los otros.  No se está s en el mundo, lo que hablaría de una determinación lisa y llana sino que también se es y está con el mundo y aquí es donde interviene la capacidad de gestionar de algún modo las fuerzas dadas hacia la meta de pertenencia y reconocimiento de la condición humana. Quien quiere afirmarse en su entorno inmediato, se dispone  a cultivar aquellas facultades y disposiciones necesarias,  aprende a usar las cosas, los instrumentos, dispositivos, instituciones del mundo en que se nace, a orientarse en el sistema de usos y adiestrar cierta capacidad  práctica que se adquiere en la vida cotidiana, en el mundo inmediato.(Heller;1994).
De estas experiencias de vida cotidiana en el mundo de la pobreza emergieron instancias de control de gobierno de la existencia si se miran desde otros parámetros a los exigidos por las determinaciones racionalistas. No se trata de desconocer estas determinaciones sino de hacer visibles otros territorios de dominio que el régimen racionalista no atendió: las emociones, el cuerpo, los rumores, el chismorreo, la mentira.
Ante la impostergable tarea de constituirse en ser se interpone el poder hacerlo. No se observa  indiferencia ante los sucesos de la vida  sino que se capitaliza  para  experimentar el dominio de la situación de  ser y estar en el mundo propio y no de otros. Vimos puntualmente más arriba cómo el relato de su propia historia de vida es importante para Hilda como modo de dejar constancia de sus méritos en el control de su vida y  la regulación de los imponderables
“ mi no me para nada ni nadie…siempre sigo”
Otra cosa que se pudo  observar es la disposición de “estar alerta” en la vida, que se resalta de distinto modo en las conversaciones. Esta le atribuye a sus actuaciones un sentido más  autónomo porque a través de ella tiene el efecto de presumir que se  sabe  aprovechar las oportunidades y resalta una competencia, un talento. Hay señales de esto en la realidad de Hilda “yo me  anoto en todas”; la atención abierta  para leer  las oportunidades de ampliación de sus condiciones de existencia: planes ( es beneficiaria del Plan Trabajar y el Plan vivienda de la Municipalidad ),relaciones con  las Instituciones oficiales ( colabora en el Comedor para obtener la comida del mediodía), relaciones sociales( mantiene comunicación con familias que  habitualmente le traen alimentos, ropa o muebles que no usan, con maestras que a veces solicitan sus servicios para cuidar los niños o limpiar la casa por hora). Se trata de una inversión de tiempo, caminatas, exposición y estrés, discusiones, rogativas, escenificaciones, disgustos. Una verdadera batalla semanal para garantizar bienes y servicios indispensables.
Este programa de acción se nutre de conocimientos experienciales que le proveen sus actuaciones en la vida cotidiana, de los intercambios con los vecinos, del sentido común y los estereotipos que circulan en la vida social y  los medios de comunicación audiovisual, de la divulgación social del conocimiento científico. Es un cuerpo de conocimientos que parte como el orden científico, de supuestos, (…)  a las mujeres y  niños no te pueden negar…
El extendido y siempre recordado principio de reconocimiento de los derechos de los ciudadanos pobres apresura la sospecha, que viene a reflotar el estigma raigal de lo insuficiente y más a menudo negado, pero también algo más sustancial, de los efectos de verdad – y no de verdad- de las políticas cíclicas de reparación de la pobreza.
“Hágale con los materiales más baratos “ recomendaron al óptico desde una Secretaria de Minoridad y  Familia, “ estos son negros y vienen a pedir de todo”.
Estas manifestaciones no son desconocidas por los pobres, ni se interpretan como equívocos. “Ellos nos verán como los negros que vamos a cobrar el plan” refiriéndose a quienes hacen oír
sus comentarios en la cola del Banco  Nación. Ocurre que no sólo los pobres, sino también otros grupos expuestos a segregaciones y estigmatizaciones, perciben el rechazo no como determinación  de suma cero sino con la ambigüedad de la tensión rechazo/tolerancia que es la que predomina en una sociedad cuyos centrismos son variados e inestables y acompañan procesos históricos y socio-económicos.
Los sociocentrismos son dinámicos y se reavivan según las circunstancias históricas, relaciones sociales y los  intercambios culturales. En este contexto se puede entender el margen que existe en nuestra sociedad para procesos de reafirmación positiva de identidades estigmatizadas como la villera, tumbera, los pibes chorros. De hecho lo procedente de la pobreza ha tenido recientemente una valoración política y social significativa producto de un programa económico y social que más allá de su originalidad u oportunismo ha beneficiado material y simbólicamente a los grupos sociales postergados. Estas son oportunidades históricas de acumulación y reservas de beneficios, derechos y reconocimiento que permiten, en el marco de procesos de afirmación y reconocimiento, sensibilizar con la ironía, nos verán como los negros que van a cobrar planes.
No se trata de la pasividad con que se suele percibir a los pobres desde fuera, de hecho intervienen alterando  visiones y retóricas  estereotipadas haciendo visible el sociocentrismo y la disputa por condiciones dignas y no lastimosas y a veces, hasta alcanzan a instalar la agenda de la construcción de identidades en las periferias de la repulsa.
La pertenencia es un espacio que se construye de manera permanente, y hay ocasiones para la caída, como lo señala el esloveno S. Zizek. En ésta tarea el Estado es un actor fundamental. Los contactos en oficinas, los trámites  administrativos para recibir un subsidio, las charlas con la Directora de la Escuela para reparar alguna situación de su hijo escolarizado, las entrevistas e informes de la situación de riesgo, el intercambio con  el médico y la enfermera de la Salita, etc. son momentos de contacto donde se aproximan el Estado y el ciudadano en cuanto a integración de los individuos a un grupo de pertenencia más amplio que el particular y a un horizonte cultural donde puede constituirse sentido ( Signorelli A; 1996).
Otro suelo donde se conforman existencias en la pobreza es la política.“A mí  la política siempre me ayudó”
Con el contexto histórico-político se tiene una relación compleja, no meramente extorsiva porque la política es narrada por Hilda  como proveedora, aunque en su discurso la considere ligada también al enriquecimiento de los políticos. Conocida  la pobreza en sus detalles y manipulada en sus fisuras, los pobres conocen los resultados  de una  solvente comunicación con  el paternalismo oportunista de la clase dirigente, aprecian el  valor del clientelismo y se permiten celebrar la fiesta de las elecciones como ocasión de “comensalidad” y “beneficios”.  No corresponde instalarlos afuera, de esta relación porque esto equivale a reservarles el lugar de la inexistencia. E.Colli señaló en un artículo que reducir el escenario de relaciones clientelares a una relación con un beneficiario que es víctima y que carece de capacidad de agencia es por lo menos cuestionable. Sin justificar este sistema de intercambio que es condenable por ser parte de una relación raigal de desigualdad,  se debe reconocer un compromiso activo de las personas  en ingresar y sostenerse en la relación, que es el único sistema que puede acceder, o al que decidió acceder, como estrategia adecuada para sobrevivir y generar reconocimiento social en un ámbito de pertenencia y perdurabilidad.  Esta participación sí puede considerarse  una participación ambigua “ entre la incorporación impotente  y  la participación  escamoteada ”, pero participación al fin,  independientemente de que no existan  modificaciones en las condiciones objetivas  ( Touraine;1977). ¿ Se trata de una contradicción?.¿ O ellos son admitidos-rechazados por la sociedad  y por eso sus conductas están marcadas por la contradicción?.
La fuerte preocupación por el alcance de de esta apropiación fue una discusión que predominó en la década de los ´70 de ascenso de los sectores populares. El avance de estas apropiaciones de los resquicios que deja la totalidad social injusta y desigual no se dejó de concebir como alienada, separada de la verdadera autonomía propia de la relación consciente y revolucionaria
convertida en motivación colectiva. Sigue pendiente esta discusión. En la historia de Hilda no está presente esta preocupación colectiva, de unificación de intereses y problemas aunque no desaparece en la memoria las ventajas de la unidad y el agrupamiento.Esto conduce a pensar que la relación consciente con la totalidad  no es imprescindible  para la reproducción en la mayoría de nuestras existencias cotidianas. El interés común puede no estar y predominar el cotidiano  pero sin embargo el comunitario no desaparece. Se podría decir que sin negar la alienación de la vida cotidiana que Marx daría por sentado, o bien a pesar de ella, se puede concebir la vida cotidiana con márgenes de conciencia de lo global. Lo global no desaparece, no se confronta directamente pero se registra  su presión en el tono de desafíos, (el desempleo,
el trabajo precario, la tecnología, la criminalidad, el negocio de la droga, la impunidad de la policia), en la actualización de habilidades y  calificaciones (los trámites administrativos, la escolaridad obligatoria de los hijos, las relaciones con el orden jurídico) en los medios de comunicación.  Al contrario de lo que se supone la  autonomía y creatividad existe  pero la reducción de la complejidad de las situaciones de pobreza a una cuestión de supervivencia no deja ver los alcances de sus actuaciones.
No son sólo las Instituciones sino también el yo con sus tecnologías  el que se pone en acción   hacia cierto estado de estar en el mundo. Este proceso  es reafirmado si resaltamos    sus maniobras para poder, o desmerecido  si se  lo sujeta  solamente a la condición de vulnerados por las presiones  externas (económicas, políticas, sociales). Se trata de puntos de vista extremos que admiten la posibilidad de  concebir estas situaciones  complementándose  según a qué niveles de la realidad nos referimos, lo global,  nacional,  local o incluso lo cotidiano .
Igualmente  la autonomía de ningún grupo  es  una autonomía a secas sino relativa  al rango de  las condiciones   para imaginar horizontes  y trascendencias existenciales que facilita el momento histórico. Por ejemplo lo señalado por  Hilda: “Yo estoy bien  mientras pueda darles lo que necesitan”(se refiere a sus hijos). Los hijos constituyen una trascendencia para las mujeres que ya los tienen y para las jóvenes que van a tenerlos. Los hijos  sostienen y han sido convertidos en el agarre de su existencia lo que  es muy frecuente en el imaginario de las familias  monoparentales  donde las mujeres son proveedoras. Esta meta  puede ser entendida desde las  aspiraciones que reserva el orden social y económico para ésta parte del conjunto.
La historia de Hilda apareció para nosotros como un tropo para explorar  cómo la vida cotidiana, la vida mínima transpira  mundo global. La economía política no se suspende en la vida cotidiana en la pobreza sino que se infiltra con distintas intensidades. A pesar de ello las familias pobres ejercen de distinto modo y con distinto calibre el gobierno de la situación en el contexto particular en el que significan sus vidas.
Hemos recorrido una ontología centrada  en una actuación de alerta  para servirse de  las oportunidades (yo me anoto en todas), sustentada en los hijos como trascendencia, donde los dramas familiares pueden ser dispositivos de refuerzo para arraigar la existencia en el suelo.
Esta pequeña exploración terminó desafiando la homogeneidad atribuida a los pobres como carentes e inhabilitados para resolver problemas de existencia humana y necesitados por naturaleza de tutelaje y paternalismo.











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