MERCADO, MARGINALIDAD Y ESTRATEGIAS DE SUPERVIVENCIA EN UN CONTEXTO DE POBREZA URBANA . PARTE II

Ir abajo

MERCADO, MARGINALIDAD Y ESTRATEGIAS DE SUPERVIVENCIA EN UN CONTEXTO DE POBREZA URBANA . PARTE II

Mensaje por M.Kaminecky el Dom Sep 30, 2018 3:17 pm

ESTRATEGIAS DE SUPERVIVENCIA: Club del Trueque




A lo largo de nuestro trabajo, la especificidad del análisis de las estrategias de supervivencia , desarrolladas en ámbitos de marginalidad social se han ido mostrando conformadas por múltiples dimensiones ( económica, socio-familiares, culturales). Además de ser espacios donde se resuelven necesidades, en algunos casos perentorias, y en otros complementarias,son sitios donde las representaciones simbólicas de sí mismos, de los otros, del bienestar, de sus derechos, de su vida, conforman una identidad,una orientación socio-cultural en el modo de resolver los problemas de la vida diaria. Son prácticas que exceden el ámbito rigurosamente económico,y se convierten en adiestramientos, recursos, que se extrapolan a otros ‘ámbitos de la actuación social . En el caso del asentamiento refieren sus orígenes a experiencias conocidas hace más de tres décadas . Sin embargo no por eso dejan de plantearse como estrategias eficaces. En el caso del los intercambios para el autoabastecimiento por medio del trueque, se remontan a una historia más breve, por lo que entrañan, por lo menos temporalmente una novedad.

A partir del trabajo empírico distinguimos la presencia de múltiples y permanentes estrategias de supervivencia que combinan distintas variables:

Asentamiento:

-Constitución de la vida familiar: formas de unión ( legales-consensuales), nupcias sucesivas, rupturas de vínculos.

-Socialización y aprendizaje, comportamientos relacionados con la crianza de los hijos y formación educacional.

-División familiar del trabajo: asignación de la fuerza de trabajo dentro de la unidad familiar, sean actividades económicas que producen ingresos ,salario capitalista y/u otra forma de renta ,( alquiler de carritos para transportar la mercadería a la feria Océan, ejercicio de función social como “manzanera”, venta de objetos usados como ropa, lavandina, bebidas, alimento) ,trabajo doméstico productor de bienes de uso que no son sufragables con ingresos por lo general de carácter coyuntural y en contados casos de carácter usual. Pautas de participación por sexo y edad en el mercado de trabajo, división sexual de las actividades, trabajo de los niños.

-organización del consumo familiar.
La regulación de la dieta
La repetición de alimentos cuando se consigue en cantidad
El acercamiento al vecino o familiar en los horarios oportunos

La forma de obtención de bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades:
bienes mercancía ( alimento, ropas, mobiliario) obtenidos en el circuito comercial.
Subsidios que proporciona el estado: el sacerdote de la iglesia......se convierte en mediador de los subsidios destinados a las familias más vulnerables. La asamblea discute la modalidad y criterio de distribución que no deja de percibirse por ciertos informantes como amiguismo.
Padinazgo/madrinazgo: La maestra de taller de la iglesia es receptora de esta institución con frecuencia con la motivación de obtener protección y prioridad para las actividades que la iglesia desarrolla.
bienes obtenidos por el trabajo doméstico,(alimento,vestimenta,mobiliario) trabajo de autosubsistencia con parte del proceso de producción alejado de los circuitos comerciales (provisión de frutas y verduras en el mercado central y luego se distribuye como ensalada de frutas entre familiares y amigos cercanos.)
Mecanismos de adquisición ( ahorro previo, préstamos, fiado a plazos semanal y mensual, el crédito , para obtención de bienes patrimoniales como vivienda, equipamiento.

-Migraciones laborales: comportamientos relacionados con el desplazamiento geográfico dentro o fuera de los límites provinciales y territoriales.Algunos miembros de la familia temporalmente se ausentan de la casa para realizar alguna changa ( changas de albañilería )o algún trabajo circunstancial que implique aporte en dinero o bien en especie ( auto, bicicleta, algún artículo para la venta posterior)

-Allegamiento cohabitacional: comportamientos relacionados con la extensión de la familia nuclear mediante la incorporación de parientes , vecinos , amigos y conocidos que también de manera eventual aportan con dinero o bien emplean su tiempo haciéndose cargo del funcionamiento de la cas mientras otro miembro emprende la búsqueda de bienes.

Cooperación extrafamiliar: comportamientos relacionados con la formación de redes de cooperación más allá de la unidad familiar: redes familiares( una de las informantes obtiene la prótesis dentaria por intermedio de su cuñado que trabaja como mecánico dental, el beneficio de un plan de asistencia a través de la trabajadora social que actua en la escuela, ) participación eventual en instituciones de bien público ( iglesia, asociación barrial o vecinal, asamblea para la asignación de subsisdios, integración en comisiones para resolver un problema puntual, por ejemplo la recreación de los niños y jóvenes )

Se observa que dentro de las estrategias diseñadas existe un elemento permanente que se presenta como capital social y cultural , acumulativo, el del “contacto”. La heterogeneidad, a la que aludimos inicialmente, se hace visible en el hecho de que las condiciones de vida de los pobres, marginales y nuevos pobres no se define exclusivamente por el ingreso monetario solamente; entran en escena factores de tipo cultural y social que se volverán sustanciales a la hora de hacer frente a la pobreza. “las relaciones” que pueden desplegarse a lo largo de las experiencias laborales, las relaciones sociales asociadas a la vida cotidiana, al contacto temporal con las instituciones asistenciales entran a formar parte de los insumos de los sectores populares pobres y empobrecidos. Los “contactos” obtenidos por Tito cuando trabajó en la empresa Roggio se volvieron fundamentales a la hora de resolver temporalmente su desempleo. La posibilidad de ampliar recursos y disponibilidades se apoya generalmente, en estos casos, en el auxilio de una red familiar y amistosa, aquella que Pierre Bourdieu distingue como “capital social”.

Por otra parte ,la extendida situación de precariedad laboral en la que se desenvuelven , en trabajos informales, inseguros e inestables jurídicamente se convierte, coyunturalmente en posibilitadores de “juicios laborales”que ávidos profesionales están dispuestos a direccionar por intereses personales y que finalmente arrojan modestos resultados para los involucrados pero que en contextos de extremas necesidades dejan algún saldo favorable por módico que sea.
-




BIBLIOGRAFÍA

SIRVENT, María Teresa. 1998. Los diferentes modos de operar en investigación social,4.
Buenos Aires, UBA, Facultad de Filosofía y Letras. Maestría en Política y gestión de la
Educación. Seminario – Taller de investigación social p.15




INTRODUCCION
El capitalismo es un sistema de organización social histórico, y por lo tanto transitorio, aunque esta transitoriedad no coincida con las expectativas y la duración de la vida humana. La expansión del mercado es la base material sobre la que se desarrolla este modo de producción y también la modernidad. Por lo tanto, si el término posmodernidad debe expresar algo, no puede ser otra cosa que la sociedad posmercantil.
El mercado es un lugar de encuentro entre vendedores y compradores de mercancías y, por lo tanto es, también, una creación histórica. En la mercancía, la célula del mercado, se expresa el valor, entendido como valor de cambio, materialización del trabajo abstracto, trabajo en general también mercantilizado, gasto de energía humana con independencia del resultado concreto, de su materialización objetiva, de su valor de uso, es decir, del trabajo concreto. En el ámbito del mercado se forma el capital desde su forma más primaria, el capital comercial hasta el moderno modo de producción capitalista. “Y para ello han de concurrir una serie de circunstancias concretas, que pueden resumirse así: han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases muy diversas de poseedores de mercancías; de una parte, los propietarios de dinero, medios de producción y artículos de consumo, deseosos de valorizar la suma de valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena de trabajo; de otra parte, los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo y, por tanto, de su trabajo ... Con esta polarización del mercado de mercancías, se dan las dos condiciones fundamentales de la producción capitalista. El régimen del capital presupone el divorcio entre los obreros y la propiedad sobre las condiciones de realización de su trabajo. Cuando ya se mueve por sus propios pies, la producción capitalista no sólo mantiene este divorcio, sino que lo reproduce y acentúa en una escala cada vez mayor. Por tanto, el proceso que engendra el capitalismo sólo puede ser uno: el proceso de disociación entre el obrero y la propiedad sobre las condiciones de su trabajo, proceso que de una parte convierte en capital los medios sociales de vida y de producción, mientras que de otra parte convierte a los productores directos en obreros asalariados.”
La transformación de la economía precapitalista en economía capitalista presupone la monetarización y la comercialización de las economías de subsistencia. “Es más bien el dinero amasado por la usura ejercida esencialmente a expensas de la propiedad de la tierra, y la riqueza mobiliaria, acumulada gracias a las ganancias comerciales, en suma la riqueza monetaria, que son transformadas en capital propiamente dicho, capital industrial... Lo que pone la riqueza monetaria en situación de devenir capital, es que encuentra ante ella los medios de subsistencia, los materiales, etc, que antes habían sido, de una manera u otra, propiedad de las masas al presente despojadas de todo bien” . A su vez, el pago monetario del salario al trabajador implica la transformación de esas economías de subsistencia en economías de mercado.
Así como el desarrollo de la producción capitalista hace desaparecer gradualmente las formas precapitalistas de producción, relegándolas, en el caso de subsistir, a funciones secundarias, así la difusión del salario destruye las anteriores formas de reproducción de las condiciones de vida de los trabajadores. El salario se transforma en el único medio para acceder a la satisfacción de las necesidades. De allí el dramatismo que acompaña su desaparición para el trabajador, pues éste queda privado de acceder a los medios de subsistencia mercantilizados y ya no posee los otros.
El desarrollo del capitalismo implicó la difusión del sistema del salariado y su constitución en la base de la socialización para la mayoría de los miembros de las sociedades modernas. El salario representa la mercantilización del trabajo humano y la disolución del vínculo salarial, el licenciamiento de los trabajadores por el capital que presencia la sociedad en este momento histórico es manifestación de un fenómeno más amplio: el achicamiento cuantitativo del mercado global que se traduce en su creciente incapacidad para incluir a los seres humanos en la sociedad construida en torno a él. La crisis no es sino la desaparición gradual y creciente del trabajo asalariado, del trabajo mercancía, del trabajo abstracto. “La individualización de las remuneraciones, la transformación de 1os asalariados en contratados por tarea o en prestatarios independientes tienden a suprimir, con el salariado, el propio trabajo abstracto. A los prestatarios de trabajo ya no se los trata más como a miembros de una colectividad o de una profesión definidos por su estatuto público, sino corno a proveedores particulares de prestaciones particulares bajo condiciones particulares. Ya no ofrecen trabajo abstracto, trabajo en general, separable de su persona que los califica como individuos sociales en general, útiles de manera general.”

La sociedad del trabajo asalariado está desapareciendo ante nuestros ojos, no existe más para miles de millones de personas y no volverá, por el contrario, todo indica que millones de trabajadores serán licenciados por el capital en los próximos años, en consonancia con el desarrollo y la implementación de nuevas tecnologías. “No hay que esperar nada de los tratamientos sintomáticos de la “crisis”, pues ya no hay más crisis, se ha instalada un nuevo sistema que tiende a abolir masivamente el “trabajo”.” La base material de esta mutación social, son las modernas tecnologías informática, robótica, ingeniería genética, nuevos materiales, nanotecnología, etc. que disuelven el vínculo salarial y donde el saber humano, los conocimientos del trabajador son el principal componente del capital fijo. “ Pero son también, y en primer lugar, la energía, la actividad y la vida misma del trabajador, inseparables de él, imposibles de apropiar por otro. Las capacidades del trabajador no pueden ser mandadas por el capital y se despliegan por la voluntad del sujeto que las posee. Sin embargo, en cada vez más casos la dominación del capital se ejerce por medios indirectos, condicionando al trabajador a elegir lo que el capital le impone. Por lo tanto la fábrica, el lugar de trabajo va dejando de ser el terreno principal del conflicto central. “El frente se va a encontrar en todos los lugares donde la información, el lenguaje, el modo de vida, los gustos las modas sean producidos y configurados por las fuerzas del capital, del comercio, del Estado, de los medios masivos de comunicación; en todos los lugares, dicho de otra manera, donde la subjetividad, “la identidad” de los individuos, sus valores, sus imágenes de sí mismos y del mundo son perpetuamente estructurados, fabricados formados”.
En las sociedades divididas en clases, la tecnología es un arma, que la clase dominante usa contra las clases subordinadas. “¿De dónde proviene el progreso técnico en las formas que ha adquirido históricamente? Fue un subproducto de la explotación del hombre por el hombre, con frecuencia una búsqueda de un nuevo medio de extraer un excedente o de acrecentar la tasa de explotación, a menudo una respuesta a la lucha de los trabajadores por reducir ese excedente” . Richard Hopson, un terrateniente blanco de Mississippi, recomendaba la recolectora mecánica de algodón en estos términos: “Confío en que estáis enterados del serio problema racial con el que nos enfrentamos en la actualidad y que puede agravarse a medida que pasa el tiempo... Abogo firmemente porque los agricultores del delta del Mississippi cambien lo más rápidamente posible el viejo sistema de explotación agrícola, basado en las aparcerías por la completa mecanización ... En 1949 tan solo un 6% del algodón en el sur se cosechaba de forma mecánica; en 1964 la cifra se había elevado hasta el 78%. Ocho años más tarde el 100% del algodón se redogía mediante máquina.” Y esto es así en la Edad Media con, por ejemplo, la introducción del molino señorial para someter al campesino a la banalitè, en los campos de algodón del sur de los EE.UU. para derrotar la lucha de los negros, como hoy la robótica para domar la rebeldía obrera.
Estas modernas tecnologías disuelven la relación salarial en los tres sectores de la economía simultáneamente, creando una masa de desocupados que aumenta al ritmo de su desarrollo. Geoge Soros dice: “El capitalismo...tiene una debilidad constitutiva. Al mismo tiempo que crea riqueza, la concentra en exceso; aunque garantiza el desarrollo continuo de la producción a través del progreso técnico, tiende a excluir del mundo del trabajo a un número cada vez mayor de hombres y mujeres. Lleva en sí mismo una fuente de desequilibrio.” . Estos excluidos, la mayoría de los cuales no volverán a recrear la relación salarial sino esporádicamente. y en condiciones precarias, deben resolver, de forma creciente, sus condiciones de existencia por fuera de las relaciones mercantiles dominantes. “Ya no es necesario explotar a los trabajadores; basta con no necesitarlos. La explotación ha sido reemplazada por la exclusión.”
El capital persigue, como fin primordial, su máxima valoración. En función de esta premisa básica, su inversión se orienta hacia las áreas donde puede lograr este objetivo, con total independencia de los resultados sociales de su acción. Durante un prolongado periodo histórico -desde la revolución industrial hasta finales del siglo XX- la producción material atrajo la inversión desarrollando el modo de producción capitalista. Pero la desocupación actual, en aumento constante, achica los mercados de todos los países -aunque el impacto es diferente en cada uno de ellos- por lo cual la producción de bienes y servicios deja de ser rentable para el capital y éste se desplaza hacia el área de la circulación –capital comercial y bancario- buscando allí su máxima valoración. Este neomercantilismo pone el acento en la circulación como actividad de valorización del capital, en lugar de la producción, como era la norma en el capitalismo industrial clásico.
El 1798, un pastor inglés, Thomas Robert Malthus, publicó una obra inquietante, Ensayo sobre la población. En ella se refería a lo que consideraba el mayor problema de la especie humana: “el poder de la población es indefiniblemente mayor que el poder de la tierra de producir subsistencia para el hombre”. El pesimista Malthus concluía que el crecimiento demográfico traería como consecuencia el empeoramiento de las condiciones de vida y el aumento de las diferencias entre pobres y ricos por el agotamiento de los recursos de la tierra. Este sombrío pronóstico fue eludido, al menos por Inglaterra, mediante varios recursos: la masiva emigración (entre 1815 y 1914 unos 20 millones de ingleses dejaron el país), la afortunada combinación de revolución industrial y revolución agrícola que elevaron la calidad y la cantidad de la oferta alimentaria y de bienes y favorecieron el bienestar, y los avances en la navegación a vapor, el barco frigorífico y la disponibilidad de grande bodegas que hicieron posible el traslado oceánico de alimentos desde el continente americano a Europa. Gracias al ingenio humano, “el poder de la tierra”, o más precisamente, “el poder de la tecnología”, pudo alcanzar “el poder de la población”. La penetración del capital en la esfera de la producción es responsable de este éxito civilizatorio. Pero el éxito inglés no se repitió en todo el mundo. Irlanda vio reducir su población a un quinto en 1840 como consecuencia del hambre y la emigración. Con posterioridad, muchos pueblos del mundo no europeo conocieron espantosas epidemias de hambre que asolaron sus territorios. La terrible premonición de Malthus, negada en potencial por la utopía tecnológica universal siempre postergada, es una realidad en diferentes tiempos y lugares del globo. Las importantes innovaciones tecnológicas, políticas y culturales producidas en Europa en los siglos XIX y XX, confeccionaron una lista de ganadores y perdedores que todavía persiste y, lo que es peor, se escinde cada vez más. El capitalismo, como sistema productivo, nacido en Inglaterra y triunfante en Europa y algunos otros lugares de América o Asia, en la mayor parte del globo trajo miseria y penurias para la inmensa mayoría de sus habitantes. Su inexorable lógica -producir sólo para satisfacer las necesidades solventes- genera en el presente la creciente exclusión social de los que, al ver disuelta su relación salarial, debilitan su inserción en el mercado, donde satisfacían sus necesidades para la supervivencia. Para miles de millones de personas, tal vez la mitad de la población mundial, el mercado, la base sobre la que se asienta y desarrolla el modo de producción capitalista, va dejando de ser, gradualmente, el principal ámbito de la resolución de sus condiciones de vida y de su cotidianeidad. En este fenómeno objetivo no interviene para nada nuestra subjetividad, no responde a una elección en base a concepciones ideológicas o políticas. Con independencia de lo que lo que pensamos de nosotros mismos y de la sociedad en que nos toca vivir, la realidad nos ubica brutalmente en el mundo de los incluidos o en el de los que cayeron en el abismo de la exclusión social, que es, en esta sociedad, la exclusión del mercado. Si el ámbito de los excluidos del mercado está destinado a aumentar dramáticamente en los próximos años –como parece indicarlo la evolución actual del capitalismo- deberán buscar la resolución de sus condiciones de existencia por fuera de las relaciones mercantiles dominantes en la actualidad. Si esto fuera así, la actual marginalidad social sería, no sólo un ámbito de degradación, delincuencia , miseria moral y física, sino también portadora de nuevas relaciones de producción y conformarían un espacio de resocialización alternativo. Que esa socialización sea antagónica o no con la actualmente dominante, depende, en gran medida, de las decisiones políticas que se tomen respecto a la exclusión social.

EL TRABAJO
¿Qué entendemos por trabajo? Es la actividad humana al servicio de una finalidad teórica o práctica. Se distingue del juego en que éste se despliega sin un fin inmediato. Sin embargo, el concepto de trabajo ha evolucionado a lo largo de la historia humana.
Para los antiguos griegos –también entre los romanos- el trabajo es exclusivamente el trabajo manual, el que sirve para satisfacer las necesidades materiales de la vida. El trabajo intelectual, el pensamiento, lo que permite al hombre llegar a la idea, es un procedimiento engorroso, lento y gradual, sólo en la medida que el hombre no puede desembarazarse del impedimento de su corporeidad. Cuando lo logre podrá contemplar inmediatamente y sin esfuerzo las esencias eternas, la idea. Este desdoblamiento del trabajo responde a la necesidad de justificar la esclavitud, que degrada al ejecutor del trabajo a nivel de mercancía., que sostiene y justifica la existencia de los hombres libres. El trabajo físico, ocupación del esclavo, es elemento de dolor y castigo, mientras que el pensar y el ocio es el ideal de los libres.
Con el cristianismo, religión de esclavos, se eleva al trabajador a la categoría de hijo de Dios, igual a todos los hombres. Y la idea de la caída, del pecado original, que priva al hombre del goce de los bienes de la tierra, es la culpa, que se expía con el trabajo para recuperar la felicidad perdida. “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. De allí que ningún trabajo sea degradante porque quien se humilla ante Dios, en realidad se eleva.
Durante la Edad Media el campesino, atado a la tierra, tiene un destino inalterable, imposible de mejorar. Falta en esta sociedad cualquier incentivo para hacer eficaz la fuerza de trabajo, incluso para la misma aristocracia terrateniente, limitada por la economía natural, con la consiguiente falta de incentivo mercantil.
Con la aparición de la burguesía, en la baja Edad Media, resurge el comercio, la industria, las primeras empresas bancarias y la economía monetaria. El espíritu de iniciativa y el racionalismo domina la mentalidad burguesa, que tiene un sentimiento más mundano de la vida. Funda su éxito en su iniciativa; ama el lujo, los placeres y usa su riqueza y su poder para explotar y oprimir al pobre. Con la abolición de la servidumbre se libera a las fuerzas del trabajo y aparece un nuevo concepto del trabajo.
La Edad Moderna es la época de máxima expansión de la burguesía. Se forma el mercado mundial, crece el consumo, se multiplica la producción. Desde la segunda mitad del siglo XVIII se inicia la revolución industrial, que ha destruido o reducido a dimensiones insignificantes al artesanado medieval. Aparece la fábrica, que atrae hacia ella a grandes masas rurales, dando lugar a la escisión de la sociedad en dos clases sociales fundamentales, enfrentadas antagónicamente en sus intereses materiales y en sus proyectos civilizatorios. Aparece el trabajador libre, propio del capitalismo. “Obreros libres, en el doble sentido de que no figuran directamente entre los medios de producción, como los esclavos, los siervos, etc., ni cuentan tampoco con medios de producción propios, como el labrador que trabaja su propia tierra, etc.; libres y dueños de sí mismos.”
Pero esta libertad es, realidad, ilusoria y fuente permanente de penuria para el trabajador. Porque al vender su capacidad de crear al dueño de los medios de vida y de trabajo, es decir al capitalista, el obrero no es dueño del producto de su esfuerzo y crea, consecuentemente, un mundo material, una riqueza que le es ajena y que crece en proporción directa a su esfuerzo, en la medida en que el capitalista se apropia de los productos del trabajo ajeno. En la sociedad burguesa el trabajo se presenta sólo como actividad lucrativa, como una cosa, como elemento esencial para la valorización del capital.
“¿En que consiste, entonces, la enajenación del trabajo?
Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. está en lo suyo cuando no trabaja y cuando no trabajo no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino sólo un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste.”

El modelo de producción industrial de la primera etapa de la industrialización estuvo basado en métodos tradicionales de producción. En los “talleres” de este periodo, el hecho más destacado es el control que los obreros ejercían sobre el proceso de producción. La introducción de los métodos sugeridos por Taylor primero y por Ford después, -entre los finales del siglo XIX y comienzos del XX- coincide con el surgimiento y la consolidación de los monopolios y el establecimiento de una nueva relación entre trabajo y capital. Se homogeneizó el trabajo sobre la base de una estandarización de la fuerza de trabajo con un nivel de semi- calificación. El sistema de Taylor se basó en el principio de que se debía quebrar el control obrero sobre el proceso de trabajo. Para ello había que destruir el oficio, segmentando la elaboración del producto en múltiples operaciones parciales. De esta forma, el artesano u obrero polivalente fue reemplazado por el obrero parcial, especializado en la operación particular de la elaboración del producto. El fordismo representó una conclusión lógica de la estructura ocupacional. La línea de montaje, presentada por Ford en 1918, inauguró una nueva era de despotismo de la máquina sobre el trabajo humano. Los códigos de disciplina y rendimiento ahora son impuestos desde afuera. El capital, a través de la máquina, establece los ritmos y modos de trabajo. “En el curso de la división del trabajo, la función de la mayor parte de aquellos que viven de su trabajo termina reducida a unas pocas operaciones muy sencillas; por lo general uno o dos....El hombre que se pasa toda la vida dedicado a pocas operaciones... suele volverse todo lo estúpido e ignorante que puede volverse un ser humano.”
La aprensión de Adam Smith se llama fordismo.
“Por lo menos durante treinta años la mecánica de la organización del trabajo de tipo taylorista y fordista hizo maravillas en algunos países aventajados, por lo menos en lo que se refiere a los incrementos en la productividad, porque en lo que se refiere al reparto de esos incrementos el resultado no fue precisamente una maravilla... El núcleo de esa trayectoria –lo que explicaba su eficiencia- era una mezcla de hiperdivisión del trabajo y de mecanización; esta trayectoria era muy eficaz para los productos estandarizados ... La gran debilidad del sistema es que el concepto de productividad implícito es un concepto extremadamente burdo: la idea es que la productividad máxima de una instalación depende de la productividad del obrero individual en su puesto. Hoy ... ya no hay más posibilidades de incrementos de productividad por ese lado.”
La superación de este modelo procede de Suecia y parte de la idea de sistema. El trabajo no es individual, sino en pequeños grupos que se combinan en un sistema complejo y es coherente con la informatización de los procesos de producción. La transformación del sistema de producción se completa con la escuela japonesa, también conocido como toyotismo, basada en dos principios: el chido-ka, que consiste en que la organización del trabajo está concebida sobre la base de grupos multifuncionales. Y el justo a tiempo, consistente en producir sobre pedido y sin acumular stock. “El tipo de asalariado que comienza a dibujarse, como tendencia (con el sistema japonés), es completamente nuevo: no está asignado a tareas específicas, es polivalente, toma en consideración elementos de costo económico en su trabajo y de una manera o de otra debe considerarse responsable de lo que ocurre”. Esta especialización flexible o flexibilización laboral, que es la antítesis del sistema de producción fordista, implica una fuerte inversión empresaria en los recursos humanos para obtener estos trabajadores polivalentes, la escasa jerarquización de los equipos de trabajo, una recompensa económica equivalente y la construcción de la confianza recíproca que el sistema exige.
Respecto a estas modernas tendencias en el terreno laboral se pueden hacer algunas reflexiones: a) la mayoría de los trabajadores siguen funcionando en el sistema fordista, por lo que los trabajadores del sistema chido-ka constituyen una minoría privilegiada, por lo menos desde el punto de vista de la estabilidad y la remuneración; b) la especialización flexible conviene a la alta tecnología porque las máquinas industriales modernas pueden reprogramarse fácilmente y las comunicaciones permiten a las empresas acceder a los datos del mercado global; c) se relaciona con inestabilidad de la demanda del consumo.
Para la inmensa mayoría de los trabajadores implica la eliminación o modificación las normas que regulan el mundo del trabajo y despojarlos de sus derechos y garantías. Más que la construcción de una confianza mutua entre ellos y los patronos, es un casi retorno a las condiciones del siglo XIX, en que la voluntad y la discrecionalidad de los patrones eran las únicas reglas válidas. La flexibilidad laboral implica varias flexibilizaciones paralelas, todas perjudiciales para el trabajador: a) Salarial. El salario varía en dependencia de la coyuntura de la empresa o en relación a la relación entre oferta y demanda de mano de obra. b) Numérica. Permite a las empresas ampliar o disminuir sus planteles. Para ello es necesario eliminar o disminuir indemnizaciones, realizar contrataciones temporarias. c) Organizativa y técnica. Tiene que ver con la polifuncionalidad de los trabajadores y su movilidad dentro de la empresa. d) Del tiempo de trabajo. Adecuación de los tiempos del trabajador a las necesidades de la empresa.
Estos cambios reciben el nombre de reingeniería, cuyo resultado no es otro que la reducción de puestos de trabajo
Adam Smith sostiene que la rutina ahoga el espíritu. Pero La rutina, que puede degradar, también puede proteger y componer la vida.
En las condiciones de vida de la sociedad burguesa, donde el mercado asigna los bienes a cada uno, la desocupación, o mejor dicho, la exclusión definitiva del mercado laboral, significa penuria, miseria, sufrimiento extremo para quien lo padece. Pero aquellos que mantienen su trabajo no se ven beneficiados en ningún modo. Por el contrario, “Cuanto menos trabajo hay para todos, más tiende a aumentar la dureza del trabajo para cada uno. (...) El desempleo, en efecto, hace bajar el nivel de las remuneraciones, y la baja de las remuneraciones incita a los activos a trabajar más horas para compensar la falta de ganancias. Lo que tiene como efecto acentuar la baja de las remuneraciones”.
Trabajo del esclavo, como elemento de dolor y de castigo, disociado del gozo que, de alguna manera podría redimirlo. Trabajo del siervo, como expiación de la culpa, alienado en la mística religiosa, rutinario y definitivamente alejado de la idea de cambio. Trabajo del obrero, sólo condición para la sobrevivencia y cosificación para la valorización del capital.
¿Por qué debemos llorar el fin de la sociedad del trabajo asalariado? “Salimos de la sociedad de trabajo sin reemplazarla por ninguna otra. Nos sabemos, nos sentirnos, nos aprehendemos a cada uno de nosotros como desempleado en potencia, subempleado en potencia, precario, temporario, de tiempo parcial en potencia. Pero lo que cada uno de nosotros sabe no se vuelve todavía -y se le impide que se vuelva- conciencia común a todos de nuestra condición común. Conciencia común, es decir públicamente formulada y aceptada, de que la figura central y la condición "normal", como tendencia al menos, no son más las del "trabajador" -ni a fortiori la del obrero, el empleado, el asalariado, sino la del precario que ya "trabaja" ya no "trabaja", ejerce de manera discontinua múltiples oficios, de los cuales ninguno es un oficio, no tiene profesión identificable y tiene como profesión el no tenerla; no puede por lo tanto identificarse con su trabajo y no se identifica, sino que considera como su "verdadera" actividad aquella por el ejercicio de la cual se esfuerza en las intermitencias de su "trabajo" remunerado. Esta figura central del precario es la que se presenta potencialmente como la nuestra; ella es la que se trata de civilizar y de reconocer en el doble sentido de la palabra para que, de condición sufrida, pueda convertirse en modo de vida elegido, deseable, socialmente dominado y valorizado, fuerza de nuevas culturas, libertades y socialidades: para que pueda convertirse en el derecho para todos de elegir discontinuidades de su trabajo sin sufrir discontinuidad en el ingreso.”
La transición de una forma de organización social a otra, de un modo de producción a otro, no es un proceso lineal y ordenado. La multitud de variables cualitativas y cuantitativas que involucra, el extenso período en que tiene lugar (cientos de años), los avances y retrocesos, la no correlación o relativa correlación entre lo que ocurre en la base de la sociedad y en la superestructura, la dificultad para identificar a los portadores de las nuevas relaciones sociales y las fuerzas que la impulsan o la frenan, hace de las transiciones un tema inagotable de investigación histórica. El sentido general del proceso sólo puede ser percibido en el largo plazo, o en analogías con fenómenos semejantes ocurridos en el pasado. Si efectivamente estuviéramos en tal periodo de transición, -como suponemos-, no se pueden esperar soluciones de un régimen social que ha desplegado todas sus posibilidades, toda su potencialidad y se sobrevive en la medida en que un nuevo orden no se corporiza en fuerzas sociales ni se explicita en una propuesta alternativa. Sólo es dable esperar del modo de producción capitalista más miseria material y moral, desorganización y caos. Pero el caos no significa la imposibilidad de un orden. Por el contrario, las más modernas investigaciones de las llamadas ciencias duras –química, física- señalan a que hay que investigar el mecanismo que genera orden a partir del desorden, del caos. Tal el caso del Premio Nobel de Química Ilya Prigogine, que dice: “Es evidente que la relación entre desorden y orden es uno de esos interrogantes que cada generación se plantea y resuelve con arreglo al vocabulario y los intereses de su época. Los atomistas griegos se plantearon el problema de la generación de orden a partir de las trayectorias caóticas de ciertas unidades elementales. (...) Desde la Grecia clásica, la ciencia se ha venido orientando al descubrimiento de elementos estables, ya sea el agua, como proponía Tales, ya sean moléculas, átomos o partículas elementales. Pero, como sabemos, uno de los descubrimientos más extraordinarios de nuestro siglo es el hecho de que las partículas elementales suelen ser inestables. (...) Como consecuencia de estos sorprendentes descubrimientos, se está produciendo a todos los niveles una redefinición. Los conceptos de ley y de “orden” no pueden ya considerarse inamovibles, y hay que investigar el mecanismo generador de leyes, de orden, a partir del desorden, del caos.”
Pierre Dockès afirma que “La esclavitud no es una relación de dominación y de explotación entre otras más, un simple momento del pasado: es la relación de explotación primaria y primordial, aquella de la cual provienen la servidumbre y el salariado, hacia la que tiende el amo, y que éste no abandona sino a la fuerza. De ahí todos los “finales” de la esclavitud y todos sus resurgimientos.”
La explotación del hombre por el hombre es una, aunque adopte, a través del tiempo, diferentes formas. El actual desarrollo de la técnica parecería indicar que la explotación del trabajo humano está convirtiéndose en obsoleto. El presente caos del capitalismo y su posible sustitución por otra forma de organización social, abre también la posibilidad de un retorno a formas perimidas de explotación. Que surja el trabajo libre depende, como siempre, de la voluntad de los hombres de luchar por la justicia.



















avatar
M.Kaminecky
Admin

Mensajes : 46
Fecha de inscripción : 25/07/2016

Ver perfil de usuario http://frescoybatata.foroargentina.net

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.