Etnocentrismo/relativismo

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Etnocentrismo/relativismo

Mensaje por M.Kaminecky el Mar Jul 25, 2017 4:23 pm

ETNOCENTRISMO/RELATIVISMO

En el desarrollo de la antropología como ciencia podemos reconocer dos perspectivas centrales a partir de las cuales se visualiza a los otros: La etnocéntrica y la relativista. Sin embargo, en la década del ´60 se han planteado críticas al relativismo, que derivó en un planteo extremo; y como era de esperar, sobrevino la deconstrucción de esta oposición proponiendo el juego libre de estas perspectivas en procesos heterogéneos, abiertos y de dialogo intercultural. La igualdad en la diversidad se presentó recientemente como la fórmula que recoge la complejidad de la relación entre lo semejante y lo diferente.
El etnocentrismo consiste en elevar a la categoría universal los valores de la sociedad a la que se pertenece. Hay una imposibilidad de reconocer la variedad de formas de vida y pensar que no se encuentran en el registro de lo uno, lo propio, la identidad. El mundo se representa a partir de la matriz cultural a la que se pertenece, de modo que el otro resulta exótico, extraño, irracional cuanto menos.
Esta es la visión que adoptó Occidente a partir de su expansión política, económica y científico-cultural por el mundo con la excusa de iluminar al mundo salvaje con la democracia burguesa, la razón,el desarrollo tecnológico, el progreso económico y la libertad individual.
El peruano vargas Llosa dice en su libro El hablador
…La vida ha cambiado en aquella región, ( El pueblo machiguenga en el Alto Urubamba)si, pero no en el sentido que pueda incrementar el turismo. Surgieron primero los pozos de petróleo, esos campamentos para los que fueron contratados como peones muchos campas, yaminahuas, piros y, también seguramente machiguengas. Después, o al mismo tiempo el tráfico de drogas comenzó a extenderse por la Amazonía, como una peste bíblica, su red de cocales, laboratorios y aeropuertos clandestinos, y consecuencia lógica, sobrevinieron las periódicas matanzas, los arreglos de cuentas entre bandas rivales de colombianos y peruanos, las quemas de sembríos, las expediciones de caza y rastreo de la policía. Y, finalmente- o, acaso también al mismo tiempo, cerrando el triángulo del horror- el terrorismo y el contraterrorismo. Los destacamentos revolucionarios de Sendero Luminoso, reprimidos con dureza en los Andes, han bajado a la selva y operan también por esta zona de la Amazonía, que es, por lo mismo, periódicamente batida por el Ejército y se dice que, incluso, bombardeada por aviación…
Cuando Occidente entra en el mundo de los otros produce cosas sorprendentes y escandalosas y a fuerza de insistencia, repetición, extorsión, reduccionismo, manipulación, represión convence que la cultura europea es superior. El otro, que es la valoración de lo diferente respecto de una referencia, designa el atraso, el estancamiento, la oscuridad, el analfabetismo, la malicia y la perversión y cuanto menos la vagancia.
La otra perspectiva es la relativista. Surge, hacia la primera mitad del siglo XX, de las consecuencias que la mirada anterior produjo en las poblaciones humanas segregadas cuando no exterminadas. De algún modo el pensamiento social va recogiendo nuevos desafíos a partir del crecimiento de los contingentes de otros que empiezan a instalarse en las metrópolis expulsados por distintas razones. Europa concluye que no es necesario exterminarlos sino que se puede tener una política de buena vecindad con los otros sobre todo porque conocerlos se vuelve imprescindible para que con el tiempo se conviertan en replicantes de la cultura occidental. Resulta razonable conocer, comprender sus ideas y actuaciones y para eso es conveniente hacerlo en el contexto que le ha dado origen y justificación que a su vez es el contexto que le da sentido. Aquí se explica la apuesta de la antropología funcionalista de diseñar un método de acercamiento y conocimiento del otro, la investigación participante, que apunta a describir, conviviendo con los grupos, la vida cotidiana, sus instituciones y mentalidad.
El relativismo es un tema complejo.
Por un lado, así de manera espontánea presenta la controversia de que si consideramos la diferencia desplazamos la igualdad, operación semejante al etnocentrismo pero con la lógica inversa. La salida que está disponible para esta disyunción es el rechazo a cualesquiera de los dos términos de la oposición lo que conduce a la negociación, el acuerdo, el diálogo; resoluciones que a partir de la crisis de las totalizaciones políticas, económicas y científicas del siglo XX gozan de gran aceptación. Es muy potente la idea de que después de un siglo de segregaciones, divisiones, polarizaciones y todo tipo de abyecciones la apuesta de la reflexión sea aquello que nos conecta con los otros, lo que arma nuevas ligaduras con otros, porque sino los otros siguen siendo ajenos. Ni el fundamentalismo de la unidad que con ansias de homogeneidad desaloja la diversidad, ni el extremismo de la diversidad que desconoce lo semejante fundamento de la igualdad. Si se piensa que los más importante son las diferencias entonces terminamos admirando, exotizando las diferencias y esto sólo puede realizarse mediante la operación de reificación, negando o anulando las relaciones con el medio, las fuerzas y presiones contemporáneas, que es lo que nos vuelve bastante parecidos, más bien próximos, en los condicionamientos del mundo contemporáneo.
Por otra parte si la diferenciase nos presenta como la expresión auténtica de lo humano por ser cultural, la estamos sustrayendo de la historia, considerándola sustancial, como algo que permanece inalterable ( originarios, auténticos) por lo tanto en cierta manera le estamos negando la posibilidad de cambio, de alteraciones y por esto de que como diferentes reclamen lo mismo que nosotros , la distribución en términos políticos, económicos y sociales.
Pensar lo diferente como originario, como auténtico es pensarlo como intocado por la historia, pero además es darle vacancia del carácter de sujetos, y eso significa negarle el carácter de activos, productores, y por eso mismo con derecho a resistirse; es decir, le estamos privando del ser insurgentes en la tarea de disputa, de lucha contra las arbitrariedades y abusos del sistema capitalista. Considerar al otro en términos de admiración ( es bueno, puro, inocente) no es apropiado porque lo pone en un lugar irreal y eso no permite que ellos reclamen los mismos beneficios que nosotros porque serían puros, incontaminados, completos. Si ellos son parte del sistema global, se han socializado y culturalizado en nuestra sociedad burguesa, porqué serían más buenos que nosotros, más puros ¿ por una naturaleza propia?. No hay que descontextualizar ni deshistorizar al otro ni a nosotros. Porque a ellos también les atravesó la historia, la malicia y la bondad. El otro será habilitado no por proferir discursos más o menos democráticos, inclusivos, tolerantes, sino por ser capaces de entablar alguna experiencia de lo humano con los otros equivalentes y simétricos en reconocimiento, dignidad y condiciones socio-económica de vida.
Lo humano puede conquistarse y perderse, por eso ante la presencia del otro puedo ignorarlo, desconocerlo, atacarlo, matarlo. Abonar la convivencia es ejercer una franja de actitudes que van desde el respeto ( es valioso porque tiene un modo de pensar y actuar que aporta) hasta la decisión de armar un lazo con el otro. El desprecio tiene que ver con considerar al otro como competidor, enemigo. Para esto hay que tomar la decisión de inscribirse en una situación de intercambio, más allá de reconocer su existencia. Pero para ello se hace necesario la igualdad en términos económicos, políticos y sociales, para hacer que la humanidad sea sustentable y que la diversidad no solo exista sino que se amplíe.
De continuar con una visión restringida, diferenciada del otro terminaríamos pensándolos conformando otra lógica, una lógica aparte de la nuestra, una cultura aparte de la nuestra, como hicieron los evolucionistas, en el pasado lejano, no afectados por la miserias y virtudes del nosotros. Un ejemplo que ilustra es la valoración romántica y populista de los sectores populares que los ve como incontaminados, como fuente de bondad e identidad. Sin embargo los sectores populares, comparten la misma cultura con los sectores medios, comparten las mismas aspiraciones y proyecciones en el consumo, porque sus vidas y sus pensamientos se forjaron en las complicidades y disputas con el sistema capitalista dentro del cual se individuaron, se socializaron, se culturalizaron, se alienaron, etc. Al mismo tiempo que son semejantes, son diferentes en la frecuencia con que se exponen a ciertas experiencias de pobreza de diversa índole, que los entrenan en ciertas sensibilidades, razonamientos, soluciones, estrategias a las que no se ve expuesta , por ejemplo, la clase media por desarrollarse en otras condiciones de existencia.
Por eso cuando se los conoce, para comprenderlos hay que encontrarles su lógica de sentido donde se reconoce sus cursos de acción, lo que no significa justificarlos, ya que en este sentido, igual que otros grupos sociales sus acciones serán legítimas o condenables en tanto promueven o desalienten la sustentabilidad de lo humano.
El problema de la justificación de valores es un gran problema. Hubo un Debate entre L. Strauss y C. Geertz que selló está discusión. En 1971 L. Strauss fue convocado por la UNESCO, para que hablara sobre discriminación y racismo y sorprendió a la comunidad que iba preparada a escucharlo repetir lo que había dicho en el contexto de posguerra. L. Strauss apartándose de aquello señaló esta vez que no venía mal algo de etnocentrismo, que el etnocentrismo no es malo si se lo aprende a regular. Dijo que no era tan malo que las sociedades mantuviera cierta lealtad por ciertos valores porque si todos fuéramos permeables a los valores de otras culturas de la misma manera que a los propios, se podría dar cierta indiferencia hacia los propios lo que haría perder todo atractivo por la propia cultura. De esta manera a L. Strauss no le pareció escandaloso tener cierta sordera por los valores de los demás. Según parece que uno no se puede identificar plenamente con otros valores y al mismo tiempo permanecer diferente.
Por otra parte que se tenga cierta lealtad a ciertos valores de la cultura propia no significa ni autoriza a que se suprima o condene los de los otros.
También dijo que en los tiempos contemporáneos de sobre-contacto, ésta situación no deja de presentarse como amenaza a la integridad cultural
Por su parte Geertz respondió que entre una sociedad que prefería sus propios valores y una sociedad partidaria de la cultura de los demás, él sin duda se quedaba con la segunda. Geertz piensa que nos tenemos que hacer responsables de los demás, de los otros, porque para la preservación de la diversidad es necesaria la actitud de responsabilidad hacia los otros. No es suficiente la existencia de uno, si el uno necesita del otro para existir, el otro se vuelve forzosamente necesario.
Geertz se pronuncia por el cosmopolitismo, que es un enfoque que trata de superar la idea de multiculturalismo en el sentido de actitud que trata de desentenderse del narcisismo moral y considerar a todo el mundo como patria, de manera que se responsabiliza por todo el mundo y se siente cómodo en cualquier lugar, con cualquier valor, y cualquier moral. Para esto hay que pensar los valores dependiendo de los valores y las instituciones y no como sustancias. A su vez hay que tener en cuenta que la justificación de los valores de la cultura depende de los relatos históricos que se encargan de crear mitos, apoteosis de sus héroes, demonización de enemigos y promueven diálogos entre sus miembros solamente. Esto conduce a la actitud de defensa del nosotros mismos y la sordera a los problemas de los otros, no compromete nuestros compromisos a esas maneras de ser, de estar de los otros para preservarlas.
Lo odioso del etnocentrismo no es que nos encierra en nuestros propios valores y compromisos, sino que no deja lugar para descubrir el punto de vista que tenemos de los otros y del mundo, y a partir de ese punto de vista, saber qué clase de mujeres y hombres somos.
El multiculturalismo que quiere discutir Geertz nació en EEUU y se basa en la idea de que hay que incluir a los otros en los derechos del ciudadano. Se trata de aceptar al otro en la igualdad de la democracia, respetando sus diferencias. Pero hay que señalar que la inclusión no se practica solamente en la esfera política y moral, sino también en la esfera socioeconómica. Y tampoco en este campo se reduce al reparto amainado de planes, subsidios que resultan migajas financieras, y que finalmente no dejan de poner en evidencia que el otro sigue siendo interpelado en condición asimétrica porque si no, no sería su estatuto el de receptor de estos derechos
restringidos.
La sustentabilidad de lo humano implica la convivencia en el compromiso con el otro pero la convivencia intercultural desafía el tema de la aceptación en bloque, un juego de suma cero. La convivencia en la diversidad-diferencia es compleja y contradictoria, exige el juego de diversos registros, atendiendo un problema no se resuelven todos los problemas, comprendiendo una situación no se comprenden todas. No se trata de aceptar todo lo del otro, si el vínculo es desde la igualdad y el respeto es posible la discusión con el otro acerca de sus valores, pero este avance resulta de un punto de partida de igualdad en las condiciones sociales y económicas que el sistema capitalista no puede garantizar, de modo que nuestra relaciones siempre están atravesadas por la culpabilidad de la hegemonía que no permite acuerdos equivalente.
El otro en la igualdad refiere más bien al interculturalismo que refiere al otro en un contexto de relación simétrica. No se refiere a la integración desde el poder que decide y dice lo que el pueblo debe recibir, sino por lo que es justo y necesario en el contexto del desarrollo histórico-social. Aquí es donde los otros dejan de ser desiguales o iguales y pasan a ser plurales y esto finalmente indica que ya no necesitan ser respetados, porque ya están integrados al respeto y la dignidad, están en igualdad, no necesitan trato especial, están en igualdad construyendo la sociedad.
El trato con la diversidad compromete a los acuerdos, al consenso; este consenso tampoco es total, ni completo. Los consensos son acerca de algunas cosas, algunas cosas si, otras no. Y no es necesario que sobrevenga el prejuicio, porque como humanos con 2000 años de historia y cultura conocemos cómo desalentar cosas que no aprobamos sin necesidad de negarlos, excluirlos, matarlos. La decisión de condenar o desaprobar una práctica o un modo de pensar no conduce inevitablemente a la discriminación, segregación, racismo. La humanidad tiene suficientes experiencias culturales de modos de resolver conflictos por fuera de la vía violenta, la conversación insistente hasta que no se resuelve el problema, la mediación, las competencias, el juego, la fiesta etc. Aunque por supuesto esto lleva esfuerzo, paciencia, cooperación.
Hay que liberarse de la propia cultura para entender una ajena, pero al mismo tiempo hay que tener confianza en la propia identidad, hay que tener una identidad clara, para no temer ser fagocitado por la cultura ajena.
También hay que trabajar para el compromiso, eso no sale solo: Acordar estándares en algunos aspectos aceptando algunas cosas y otras no. Pero esto se logra a partir de garantizar ciertos derechos para todos los humanos ( recursos, participación y reconocimiento) según el desarrollo histórico acumulado.
También hay que hacer el esfuerzo de correrse de lo normal, que es un recorte estadístico ( lo más frecuente) porque lo que parece raro también tiene su lógica. Si no nos conviene es porque no lo consideramos ventajoso. Por otra parte desafía el problema de qué hacer con las prácticas y valores que no aprobamos, hay que analizar si tenemos que desalentarlo, porque aún no sabemos qué necesitaremos saber para ser en el futuro. La amortización del conocimiento, la tecnología, las subjetividades, es tan acelerada en el capitalismo de las comunicaciones que no estamos seguros si lo que conocemos, o cómo conocemos hasta hoy será suficiente para el futuro.
Geertz piensa que el alcance de nuestras mentes ( lo que podemos apreciar, juzgar, pensar) está definido por el espacio intelectual, emocional y moral en el que vivimos y depende de cuánto conocemos de los demás; cuánto más conozcamos de los demás estaremos en condiciones de tener claridad respecto de nosotros mismos. Sea como fuere la soberanía de lo familiar empobrece. No se trata de que debamos amarnos los unos a los otros, se trata de que debemos conocernos los unos a los otros ( negros, árabes, judíos, tamiles, senegaleses)y vivir según este conocimiento, porque las extrañezas siempre estarán presentes, porque si a veces no existen las inventamos y además el futuro está lleno de extrañezas.
Por eso para Geertz la antropología sería una disciplina por excelencia para capacitar la concreción de contactos fructíferos con subjetividades variantes. No se trata de comprender en el sentido de acordar, sino de comprensión de lo que es ajeno, sin dulcificarlo, sin minusvalorarlo, sin desactivarlo con la indiferencia. No es una destreza natural, hay que trabajarla para adquirirla, y hay que trabajar con constancia para mantenerla. Además el otro es valioso porque lo necesito para construir mi identidad y por si fuera poco Incrementa las soluciones a los problemas de la humanidad.
La convivencia con la diversidad es compleja, no existen recetas e implica una pedagogía y una política de estado. Dicho todo lo anterior, su abordaje viene por el lado del diálogo y la negociación, una ética de compromiso y responsabilidad por los otros lo cual es dudoso que se pueda dar en el marco del capitalismo.
La postura equidistante es la que más conveniente, ni la invisibilización de la diversidad en la homogeneidad( unidad), ni el relativismo extremo que hace de las diferencias algo inconmensurable.

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