Trato/destrato y otredad

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Trato/destrato y otredad

Mensaje por M.Kaminecky el Lun Mayo 01, 2017 3:21 pm

TRATO/ DESTRATO Y OTREDAD

Uno de los puntos centrales del trabajo de campo que caracteriza a la antropología es la operación de descentramiento que realiza el antropólogo, que consta de dos movimientos simultáneos, intelectual y moral. El primero remite al extrañamiento epistemológico que implica desmontar el edificio ideológico que consolidó una modalidad hegemónica de hacer ciencia: construida sobre una matriz binaria del pensamiento, que oculta relaciones sociales e intereses particulares en la propuesta de neutralidad valorativa y se sostiene en la primacía de la razón como fuente de legitimación del conocimiento. Este momento pone en evidencia las intenciones, el etnocentrismo, los prejuicios de la ciencia para recomponer la lógica de la cultura occidental y establecer que es tan arbitraria como otras lógicas de conocimiento.
El segundo momento remite a la necesidad de evitar el abordaje de las culturas con los prejuicios propios, que se conoce como descentramiento moral y es indiscutible para la antropología que se propone comprender los diversos universos simbólicos y que intenta hacerlo desde el propio mundo de los otros.
Interpretar la visión de los otros y sus prácticas es una preocupación del antropólogo cuando realiza investigación de campo. La mayoría de los grupos sociales que aborda son parte del mundo subalterno- aunque recientemente se han incorporado grupos empresariales, financieros, es decir grupos de elites, pero no es lo usual. La particularidad de las comunidades que estudia el antropólogo tiene una relación de tensión con las fuerzas hegemónicas que tienden a uniformizar las prácticas y visiones, porque necesitan generar nuevos espacios de rentabilidad o readaptar los conocidos. Todo lo que contradice o discute la hegemonía material y simbólica es de interés para modificarlo y así terminar encuadrándolo en sus objetivos. Esta tensión, esta paradoja, que se manifiesta en las prácticas, pensamientos y creencias de “otros” moviliza prácticas y visiones diferenciales que entran en juego en el capitalismo global. Este proceso se manifiesta con la ampliación de los espacios de mercantilización de practicas y saberes , que son propios de sectores subalternos ( informalidad, artesanías, trabajos manuales, rituales, hábitos, cuidados familiares, estrategias de vida ), a partir de que el capital ha reasumido integramente
la administración de los recursos y bienestar después de la crisis del estado benefactor.
Comaroff y Comaroff señalan que a partir de la crisis del estado benefactor el capitalismo encontró rentabilidad en espacios de pobreza antes sustentados por políticas públicas de estado, por ejemplo los cuidados en la enfermedad, los servicios de intimidad, el negocio del narcotráfico, el negocio de la criminalidad, el negocio de la informalidad.
En estos espacios, el antropólogo tiene familiaridad con estas prácticas e incluso con cierto modo de pensar que se sostiene en el sentido común, y debe procurar con sutileza y sensibilidad la diferencia en función porque las condiciones socio-políticas las hacen menos visibles y las encuentra empastadas en la realidad cotidiana del capitalismo y la vida burguesa.
En el trabajo de campo se verifica la tensión proximidad-distancia.que debe establecerse con los sujetos de estudio y su producción cultural.Si se aproxima demasiado al otro, éste se desdibuja, se mimetiza con lo propio del investigador; si se distancia demasiado no lo reconoce, se vuelve etnocéntrico.
Esta tensión se correlaciona con las prácticas relativistas y etnocéntrica que reconoce la antropología como perspectivas de relación con la otredad, con la alteridad. En la práctica el antropólogo experimenta distanciamiento-acercamiento, porque por un lado está frente a un sistema de signos que son diferentes y no los comprende completamente, no es un actor social significativo, es un actor social descalificado porque no maneja los supuestos cotidianos de esa cultura. Esto le permite formular ciertas preguntas y producir una ruptura en el flujo de la cotidianeidad, de manera que puede ver lo que la comunidad no ve por estar inscripta en esa matriz cotidiana de su sentido común, pero al mismo tiempo
al hacer preguntas obliga a las personas a reflexionar sobre cosas que habitualmente no lo hace. Sin embargo al mismo tiempo el mundo del otro no le es totalmente desconocido porque comparte la condición de humano constructor de cultura, está sometido a las mismas presiones de la economía política., del mercado, y de reclamo de los derechos humanos para la sustentabilidad social como humano.En esta relación se generan diversas variantes de percepción del otro por parte del científico-investigador.
El concepto de alteridad es el que actualmente tiene mayor alcance y suena apropiado a partir de las críticas que se han formulado a la noción de “otredad” , “diversidad” y
“ desigualdad”. La alteridad remite a una construcción de sentido que admite la necesariedad del otro para la construcción del nosotros, es decir que identidad/otredad-diversidad, se presentan como parte de una misma relación, no se separan para su comprensión, lo que evita la exteriorización del otro que incluye la noción de “otredad” enunciada desde la condición de pertenencia y superioridad del nosotros que es quien la designa y la define.
A partir de las connotaciones sociales e ideológicas que implican una noción u otra quiero clarificar ciertas consecuencias de algunas actitudes que se han difundido, y que resultan finalmente simplificadas más que producto de la ansiada problematización de la relación entre unos y otros que reivindica la antropología como propia.
Existe una tendencia que adopta como deseable de manera acrítica toda producción que provenga del “otro” , que termina reducièndola a una especie de “naturaleza de otro” en tanto se presenta de la misma manera en todos los contextos, es decir no está expuesta a los cambios y las tensiones que implican contradicciones. Lo que proviene de los sectores subalternos y populares por su condición de subalterno no se expone al aparato crítico de la ciencia porque su condición de subalterno, sometido, avasallado, desplazado, legitima sus actos sin establecer relaciones históricas, contextuales, ideológicas.
Cuando al otro se lo modeliza, se lo estereotipa positivamente como inocente y víctima, como auténtico, lo primero que se observa es que sobresale una actitud demagógica que esconde una relación asimétrica con el otro porque éste es susceptible de complacencia, protección, ayuda por su condición de invalidez, careciente, imposibilitado, etc.
Queda en evidencia también que se le niega historicidad, se le quita todas las presiones del mercado: la manipulación de los medios de comunicación, la homogenización de las aspiraciones y hábitos de consumo , la eficacia de los aparatos ideológicos y las habilidades que generan estas fuerzas para responder a los problemas y desafíos propios que son diferentes a los que genera la clase media por estar expuestos a otras experiencias o desafíos corrientes.
El inconveniente de restarle- como hizo el evolucionismo pero al revés- todas las alteraciones que genera el capitalismo y la ideología burguesa, termina por volverlo puro, incontaminado, esto es, un resabio del pasado, por lo tanto, tampoco tendrían la legitimidad para reclamar lo que reclamamos nosotros. Detrás de esta visión puede advertirse la intencionalidad política de reclamar su protección, su rescate, su ayuda, mediante la asimilación.
Los otros adquieren autonomía dentro de la asimetría cuando se encuentran en situación de equivalencia en cuanto al lugar de reconocimiento que se le otorga, primero gozando de las mismas condiciones sociales, económicas y políticas para hacer sustentable su diferencia y segundo, cuando se habilita la igualdad en el reconocimiento, que no es la piedad ni la protección sino disponer de los medios materiales y simbólicos para entablar en condiciones de igualdad la disputa por bienes materiales y simbólicos reconocidos.
La preservación de la diversidad, por eso, debe darse necesariamente ligada al planteo de la igualdad y de la ética de responsabilidad por el otro, donde no solamente es aceptable el respeto a la diversidad cultural, sino el compromiso de establecer lazos, o más bien un nuevo tipo de ligadura con los otros para que sigan existiendo en su diversidad y a su vez la amplíen de manera equivalente a nuestra cultura.
Se da por descontado que la diversidad cultural es sustentable si se garantizan condiciones sociales, económicas y políticas de reproducción social, pero hay que ir más allá y pensar en la posibilidad de su sustentabilidad en el tiempo y su ampliación, por lo tanto el planteo de su respeto está comprometido con una ética de responsabilidad de todos por hacerla posible, incluso por generar nuevas formas de diversidad.
Otra contradicción que manifiesta el planteo del relativismo es que al negar criterios de verdades universales afirma que todo valor, práctica o pensamiento tiene validez en su contexto de uso, pero esto deslegitima la posibilidad de considerar universales algunos derechos, por ejemplo propuestas universales de derechos humanos ( 1949), de la necesidad de igualdad económica, participación política y reconocimiento social para todas las comunidades, porque pasarían a ser expresión de una cultura particular. Si todos los valores son relativos, toda práctica social, por más deshumanizada que parezca debería ser respetada y esta situación paradójicamente no respeta el derecho a ser diferente, porque el derecho a ser diferente está incluyendo el derecho a no respetar la diferencia.
En términos políticos el relativismo debería jugar de la misma manera para las invasiones de EEUU a Afganistán e Irak como para los valores de mercado y la democracia representativa, por ejemplo, que son valores representativos de la cultura occidental.
Lo mismo pasa con la concepción de justicia, que de aplicarse una concepción de justicia común, universal, sólo se puede aplicar invadiendo la legalidad de las leyes locales.
Además ocurre a menudo que las dirigencias locales trasladan las mismas relaciones jerárquicas e injustas al interior de las naciones y ahí las presiones que pueden ejercer organismos internacionales que se pronuncian a favor de intereses locales (de de grupos subalternos, sometidos, diferentes) no podrían intervenir para velar por el cumplimiento de estos derechos humanos (por ejemplo por el principio de autonomía de los pueblos) lo que reforzaría el padecimiento de los pueblos avasallados.
Por eso la antropología también entiende que debe problematizarse el relativismo, que
A su vez problematizó el etnocentrismo; no abandonar el sentido crítico hasta para el relativismo y las producciones de los “otros”.
¿Cómo problematizar las producciones de los otros sin caer en el etnocentrismo?
Distintas ideas pueden aproximar un trato equivalente con valores, pensamientos y prácticas de otros pueblos.
El punto de partida es considerar que etnocentrismo-relativismo son parte de una unidad dialéctica, que se interpenetran y no existen el uno sin el otro, así como el nosotros no existe sin el otro, el norte no existe sin el sur.
Los otros se socializaron en la cultura burguesa y el sistema socioeconómico capitalista por lo tanto están expuestos a las mismas presiones y alteraciones aunque con distintos significados; no hay razones para pensar que no deben ser clarificados sus prejuicios, intenciones y aspiraciones que a menudo coinciden con las de las clase medias.
Partir de la idea de que existen diversas culturas y una imposibilidad histórica de establecer entre ellas relaciones no conflictivas en el contexto de hegemonía capitalista, es deseable.
Tampoco se puede obviar que las comunidades son confrontativas al interior de ellas mismas porque no se puede concebir las culturas ajenas a las relaciones, tensiones, paradojas de poder.
Se podría decir que las diversas culturas por ser parte de una unidad económica y social que está sujeta a la acumulación capitalista, puede admitirse la existencia de categorías de aplicación general ( explotación, desigualdad, injusticia). A partir de allí se pueden establecer particularidades, por lo tanto esta modalidad de traducir el interjuego de lo universal y lo local le es familiar a la noción de consenso y acuerdo de cosas que se pueden aceptar y cosas que no. Se trata del establecimiento de un dialogo entre contradicciones a partir de un fondo común ( aquello aceptado como común).
Algunas naciones donde conviven diversas etnias con sus creencias y lenguas han
ensayado la estrategia del consenso: Se trata de pensar en la necesidad de acuerdos
interculturales en el orden de las formas políticas, económicas y jurídicas en común y se relajan, con un sistema de amplia apertura en lenguas, adscripciones genéricas, religiosas, ritualizaciones; es decir se procede con acuerdos de distintas intensidades, en algunos aspectos con mayor apertura que en otros, teniendo en cuenta que este ejercicio se debe llevar a cabo en el contexto de un sistema de matriz desigual.
En este sentido es que se puede reconocer la interrelación entre acuerdos/desacueros y no en términos de oposición, dadas las condiciones generales de funcionamiento de la totalidad ( desigual en lo económico, político y social) no se puede tolerar todo o rechazar todo; algunas cosas ya forman parte de la historia de la humanidad y si estamos mayoritariamente de acuerdo no se discuten hasta tanto encontremos otro modo de resolverlo, lo que significa fortalecer la mediación, la negociación en la conflictividad.
Se trata de administrar el conflicto en la práctica, porque el conflicto nunca desaparece.
Sin planteos de máxima, aquellos que convocan a la transformación radical del sistema,
tal vez con esta estrategia se desaliente las refutaciones a lo que proviene de los otros ni genere tanta intolerancia y confrontación. También se podrá hacer comprensible las distintas estrategias que las sociedades han inventado para ser felices : los gastos sin rédito en las fiestas, valores que no conducen al progreso monetario , distintas retóricas del deseo, concepciones de buen gobierno, vida buena, buena economía; y al mismo tiempo las astucias para conspirar contra ese objetivo: la guerra, la criminalidad, el desprecio y el odio.
Finalmente se trata de la convivencia cordial entre el mundo que se somete a la racionalidad del ser y el mundo que ha optado por la racional del estar, y los mundos intermedios que aún no aprendimos a ver, porque se requiere de otro modo de mirar.
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