Un chamán en la ciudad

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Un chamán en la ciudad

Mensaje por M.Kaminecky el Vie Feb 03, 2017 3:06 pm

En antropología la interacción que se establece con el entrevistado en la entrevista en el trabajo de campo es el canal de expresión de las significaciones, es la oportunidad para conocer el sistema de pensamiento del grupo de pertenencia;  también expone la diferencias y semejanzas entre ambos, representando etnias, culturas y a veces géneros diferentes. Además es una ocasión para la reflexión crítica de la cultura del antropólogo que lleva la carga de ser la que sometió y alteró a las otras culturas e identidades de la que seguramente es representante el entrevistado.
Este escrito es producto de los ejercicios de campo  realizados por los alumnos y alumnas de la carrera de Trabajo Social del Instituto Superior de Formación Técnica Nº 180, de la Ciudad de Moreno, en la Provincia de Buenos Aires,  dirigido por el Profesor Gabriel Leites, para la acreditación de la materia Antropología. Los mismos fueron  realizados en el año 2016 sobre distintas problemáticas. Este, que refiere al chamanismo particularmente, es resultado de la conversación e intercambio mantenido con las alumnas  Celeste Suárez, Gabriela Hernández y María Pérez durante el trabajo de campo mediante observaciones y  entrevistas. A ellas  agradezco la generosidad de permitirme publicar este informe.
Mi punto de partida es la idea de que  las relaciones   económicas, políticas, jurídicas, familiares, amorosas de nuestra sociedad se sustentan en conocimientos y finalidades variadas de modo que las personas recurrimos a componentes también diversos para dotarlas de significaciones y conceptos.  Este procedimiento trasciende  el pensamiento causal y  binario que consagró como universal el paradigma racional de occidental. Componemos, damos conformidad y comprensión a la realidad de manera diferente a partir de ciertos atributos que contamos como especie. En muchas ocasiones, ( situaciones límites, sufrimiento, dolencias orgánicas, incertidumbre) flaquea  la racionalidad causal por inconsistente para  entrar en el reino de la comprensión del mundo y la realidad.
Otra idea que puede contribuir a reflexionar porqué no comprendemos ciertas prácticas que realizan muchas personas que viven en las metrópolis, aunque en contextos socioeconómicos diferentes,  es que  el pensamiento y la ciencia hegemónica estableció una interesada distinción entre el conocer vulgar, simple, asociado a la intuición, emoción y cargado de impurezas, y el conocimiento científicamente correcto. No se trató de una empresa de perversidad sino de las condiciones que debieron garantizarse para la acumulación y reproducción de una forma de organizar y administrar la economía, el poder y las relaciones entre las personas basada en diferencias producidas a tal efecto. El proceso de secularización de la Modernidad fue el que se propuso desterrar todo indicio de este pensamiento por considerarlo perturbador y atrasado, finalmente obstáculo para el desarrollo y progreso intelectual y material de la sociedad capitalista.
En el Conurbano Bonaerense o los cinturones de pobreza de las grandes ciudades viven numerosas familias que desde las primeras décadas del siglo XIX han migrado en diferentes momentos en busca de trabajo, bienestar, educación, y la participación de las ofertas  del mercado capitalista. Estas familias proceden de diferentes regiones de nuestro país , de naciones europeas , de países limítrofes y han conformado una trama de vida cotidiana y cultural donde lo nativo y extranjero tiene distintas tonalidades de expresión pero asentado en el sustrato común de las condiciones de vida, vivienda, disfrute de bienes culturales, dignidad y trabajo que comparten. Esta masa de gente todos los días, con mayor o menor esfuerzo da  batalla diaria a la sustentabilidad social de la vida y se organiza y administra en el pensar y actuar en conformidad con la estructura de posibilidades que habilitan estos territorios sociales. Sin embargo las  visiones y prácticas diferentes a la explicación racional  persistieron porque son un modo de interpretación que también conforma a distintos grupos sociales y son emergentes de sus condiciones socio-materiales  que administran modos de significación  que fusionan variados recursos conceptuales e ideológicos posibles de la cultura humana. Los humanos no podemos dejar de interpretar el mundo para organizarlo y administrarlo, es decir establecer algún régimen de control. No procedemos de manera mecánica, lo hacemos por las significaciones que le damos a nuestras acciones según la cultura y la historia a la que pertenecemos,  y esto hace posible variadas interpretaciones, imaginarios culturales  que pugnan por destacarse como eficaces y disputan lugar en el universo de las explicaciones.
Un chamán en la ciudad  es  la evidencia de que hay modos diferentes de relacionarse con la naturaleza, la realidad, la enfermedad y el mundo. En esta forma de pensar las cosas, los humanos, la naturaleza están dotados de espíritus y el Chamán se conecta con ellos. Al formar parte del universo total, no estar separados, el chamán puede entender, interpretar y administrar los dolores y sufrimiento humanos.
De pronto la causalidad racional del producto bruto interno, de las NBA, de la comprobación de la existencia de las cosas, de ahorrar y planificar para progresar, de estudiar para el futuro, de controlar la natalidad, de medir los gastos en función de los ingresos,  no cobra sentido en el “estar en la pobreza del conurbano”. Sobre esto reflexionó  R. Kusch en los años ´40 en Indios, porteños y dioses, cuando pensó que nuestra cosmovisión en América Latina no se sostiene en el andamio del ser de la filosofía occidental que entraña el futuro,   sino del estar que conforma  el presente de improvisación de una América despojada por el colonialismo y luego expoliada por sus propias dirigencias nativas.
La fabricación de la vida social y la trascendencia en el despojo, en la insuficiencia, en estos grupos sociales  tiene corto plazo para lo material ( se termina en seguida el sueldo, la plata del plan, la mercadería, y nunca se repone lo suficiente) pero no anula la esperanza de largo plazo para seguir construyéndose porque esto es consustancial a lo humano, somos sociales y culturales porque dejamos de ser vivientes solamente,  y siempre alojamos un proyecto de continuidad. Por un lado  la realidad no es ordenada ni clara, por lo tanto hay que hacer proyectos de vida porque mañana podemos no estar, pero no proyectos de desarrollo. Para el americano lo que predomina es el aquí y ahora. Al ser extendida la pobreza es desde la fragilidad, no de la certeza, que se construye y por eso es un insumo la solidaridad de la comunidad y por eso el poder del chamán es el poder de la vitalidad de la comunidad.
Algunas personas en la ciudad recurren a las prácticas religiosas chamánicas para obtener respuesta a dilemas o problemas de la existencia personal y social: falta de trabajo, sufrimiento por enfermedades, padecimientos emocionales por fracasos amorosos, violencia, adicciones, dudas morales.  Se solicita la colaboración de alguna fuerza con la que se tiene un vínculo de confianza, de fe y con la que se entabla un intercambio de dones para mitigar el padecimiento y la inseguridad cuando no el desamparo.
Las prácticas mágico-religiosas, entre ellas el chamanismo, operan desde la perspectiva  sagrada - no racional - de las cosas y las relaciones. Esta forma de pensar cultivó el hombre en el mundo  desde la  formación de los primeros sistemas socioculturales  y por las condiciones socio-históricas de vida - que se diferencian de la formación occidental-  persisten en América latina y pueblos de otros continentes.
Se trata de un fenómeno que no puede entenderse desde otras explicaciones que no sean las propias de quienes lo sostienen, quienes están inmersos en  la vivencia. Un fenómeno que se hace presenta de una manera totalmente otra a la racional y científico, porque pertenece al lenguaje de lo sagrado que para Rudolf Otto no se puede traducir a otro lenguaje.
Él chamanismo es un hecho social, religioso, mágico, político,  utilitario, y moral, es lo que Marcel Mauss (1979) entendió como hecho social total. Las características de estas prácticas pueden variar según el lugar pero conservan un denominador común que es la estrecha ligazón entre la vida mágica, religiosa y social. La forma de representarse el mundo y la realidad, la creencia en las potencias mágicas, la naturaleza y la forma de organizar la sociedad forman una unidad, cosa que la sociedad moderna modificó para vivir en parcialidades que suelen unirse analíticamente para la comprensión de la totalidad supuesta. Para las sociedades tradicionales  la totalidad es, existe mientras se vive, no es una construcción para entender el mundo, está encarnada en la vida social, cotidiana, sagrada.
R. Kusch en el mismo libro citado más arriba señaló, en el capítulo “el viaje” que el indio cree y la creencia no es solamente una cuestión subjetiva  en el sentido de representación mental sino de vivir la creencia. El objeto de fe es puesto afuera, en la realidad, y por eso puede ver en la realidad  un fenómeno vital y no una máquina, ordenada  que funciona como se aprecia desde la perspectiva racional.  
La eficacia de la magia dice L. Strauss en El Hechicero y su magia implica la creencia en la magia que se presenta en tres aspectos complementarios: la creencia del hechicero en la eficacia de sus técnicas, la creencia del enfermo en el poder del hechicero, la confianza que tiene la comunidad en el hechicero y en esa práctica de modo que las tres artes se necesitan para formar ese campo de gravitación para que resulte eficaz.
La noción de chamán se emplea para nombrar a un especialista religioso que actúa como intermediario entre los hombres y los espíritus.  El chamán representa potencias espirituales y a través de ellas presta servicios, “da”,  a los individuos o la comunidad que se traducen en  salud, bienestar, seguridad. Esto es lo que frecuentemente ocurre en las sociedades tradicionales o arcaicas.
Dulkhe ( 1999)  dice que en la sociedad contemporánea hay ritos pero en cuanto a su eficacia tienen limitaciones, básicamente porque no funcionan en una comunidad soldada y homogénea, y por lo tanto la comunidad ya no se presenta como  sostén, como cinturón protector de los sentidos del ritual. En las sociedades arcaicas las personas no pueden concebirse separadas del todo. No tienen el estatus jurídico de individuos que es una construcción propia de la cultura occidental; actualmente existen muchas mediaciones que pueden distraer y alterar los sentidos, y tampoco es posible encontrar en la diversidad una concepción de vida, una ideología  integrada como en los arcaicos. Sin embargo son dispositivos que ayudan igualmente a construir la historia de la vida, a fabricarse como personas, a sustentar seguridades necesarias para domesticar el miedo, a entender procesos de transformación que se operan en las distintas etapas de la vida y acontecimientos que desestabilizan a las personas. Pero a su vez  el chamanismo como institución- como otras instituciones mágico-religiosas- forma parte de los dispositivos de control de una cultura y además, pone en evidencia conflictos. Como explicación mágica promete la dignidad de la respuesta que salva y cura pero también remite a disputas, conflictos, incertidumbre.
Lo que nos permite conocer Catriel es que  el chamanismo,  como una práctica mágico-religiosa,  es un mecanismo que ayuda también en las ciudades  a los individuos a integrarse al cosmos, a lidiar con la realidad, a aceptar/discutir las reglas, el orden establecido  de manera que lo arbitrario se vuelva necesario.
Catriel , el chamán de Moreno, reconoce que en el norte argentino es más fácil realizar estas prácticas porque acompaña el contexto, fundamentalmente la montaña, también la unidad familiar, el dialecto, la tradición y el manejo de los términos, el  lenguaje de los ancestros. Sin embargo en la ciudad, dentro del contexto del paradigma urbano se puede aplicar técnicas antiguas. Se apela a sustitutos, por ejemplo no hay águilas ni jaguares pero hay perros y gatos, no estará el trance del tambor indoamericano pero se puede escuchar los golpes de otro tambor que se adecua. Este ambiente es necesario para entablar el dialogo con el “espíritu” de las cosas, que es una continuidad del entendimiento de que las cosas, el universo, la naturaleza forman parte de una totalidad espiritual donde está el humano con su conciencia.
Se trata de construir un apego emocional, un lazo con la espiritualidad de las cosas, de las relaciones, de las acciones, de la misma manera que en la ciudad lo hace un hombre con su auto, un gaucho con su caballo, un joven con su celular.
Apelo nuevamente a Kusch que sostuvo que a pesar de todas las maniobras del capitalismo, la racionalidad, el individualismo como forma de pensar la realidad, no ha podido demoler las semillas de esta otra manera de pensar la realidad que parte de la población americana legitima.
El chamán Catriel es vehículo de una realidad de otro orden, el orden sagrado y en su ejercicio compromete rituales ( cesión del chamán) para cumplir con la función aliviadora, sanadora que sostiene en la gran ciudad. Se propone curar enfermedades, romper gualichos, aunque no producirlos porque  entiende que “todo en la vida vuelve”.
Es un sacerdote-hechicero de 34 años, tiene dos hijos, separado de la madre de sus hijos pero actualmente en pareja y  vive en la ciudad de Moreno, en la Provincia De Buenos Aires. Utiliza  una variedad de medios (plantas, piedras, respiraciones controladas, tabaco) para acceder a estados de conciencia controlados que le permiten ponerse en contacto con espíritus, dioses y otras realidades.  
La eficacia de esta practica compromete  el ascenso místico del chamán para entrar en contacto con los espíritus ( Elíade )  . Este ascenso se produce en un ritual, que es entendido como  espacio de intercambio de dones que admite desde desinterés hasta interés por la paga y se presenta como una maniobra terapéutica para dar seguridad para el porvenir, debilitar a  adversarios o controlar las transformaciones de las distintas etapas e la vida.
Catriel practica el Nahualismo que es una de las variantes shamánicas de los pueblos Quilmes de los Valles Calchaquíes en nuestro país. Nos cuenta que hay dos posibilidades de alcanzar la condición de chamán: Una , por linaje( algo así como llevar la condición en “la sangre”) que es la vía más cerrada porque tiene una serie de condiciones que son limitantes: tiene que saber elegir por sí mismo el mejor camino, no debe cobrar, no puede mezclarse con otras practicas mágicos-religiosas. Otra, por nacer con esta potencialidad pero debe trabajar para descubrirla, no está dada y se trata de un recorrido de varios años.
En la consulta  entre el chamán y el consultor se entabla una relación de intercambio de dones ( Maldonado, 1994),  de reciprocidad,  que varía en las sociedades arcaicas y en las modernas porque va desde el desinterés por la retribución hasta el interés de ambas partes ( Malinowski, 1973) donde puede circular dinero a través de una paga.
Catriel fue iniciado por un maestro en esta práctica,  Lobo Blanco, un Nahual peruano y su pareja Guiara Puca que residen en la Comunidad Quilmes de los valles Calchaquíes. Ellos  le transmitieron el conocimiento de los Diaguitas y sus ancestros.
Acontece el éxito del trabajo cuando se complementan las dos fuerzas genéricas, la del hombre y la mujer, el hombre abre y cierra y la mujer sostiene. La visión genérica que entrama esta práctica es la de que las mujer y el hombre se reconocen por sus habilidades particulares para realizar trabajos de curación, aunque no se admite superioridad en estas habilidades como tampoco la existencia de entidades superiores e inferiores, como por ejemplo un Dios supremo,  ya que se entiende la semejanza entre los seres y naturaleza formando parte de una misma cosa.  Esto está en consonancia con la negación de la existencia de las potencias contrarias, el bien y el mal, ya que  no se admiten los opuestos, no se separa el mundo en dos potencias definidas como en la cultura moderna. Se cree que la sanación es siempre posible si se hace desde una conciencia que emerge del corazón, ocasión donde razón y emociones forman una misma realidad indistinguible. Sin embargo hay trabajos para mujeres y para hombres y por eso trabajar juntos en la curación es ideal, para complementarse. De hecho el hombre se especializa en guerrero ( jaguar) y la mujer en águila ( vidente).
La ceremonia donde se consagran águilas o jaguares tiene más de 200 años de antigüedad y  se realiza en los Valles, el Inti Raymi . Consiste en cantar y danzar desnudo durante 24 horas, desde que aparece el sol hasta que se oculta. Durante la ceremonia se prende fuego al lado de un “arbol sagrado” que  allí existe, que está en la ciudad sagrada de Quilmes, donde se debe pasar corriendo y si la persona no se quema se convierte en guerrero, al contrario si se quema quiere decir que no está preparado y tiene que seguir trabajando el espíritu, trabajar para mejorar.
Catriel se inició como “maestro en las piedras”. Se comunica con las piedras a través de plegarias , rezos y canto, cargándolas de energía para que ellas le digan cómo curar la dolencia , en realidad la lógica de conocimiento es diferente a la racional, no es el hombre quien obtiene el conocimiento sino que las piedras usan al hombre para comunicarle el saber para la sanación.
En el cuarto donde recibe a sus consultantes se puede ver una cama de piedras.  También emplea otros recursos: tabaco ( hojas, rapé) yuyos, plantas secas, cáscaras de naranja, ruda, líquidos ( aguas floridas rezadas y debidamente curadas durante un mes aproximadamente), amuletos, semillas ( la semilla se entierra y lo florecido va significar la sanación). La energía que demanda estos  actos de curación no necesita espacios físicos especiales, como templos o iglesias, se puede abrir espacios sagrados en cualquier lugar, aunque él se procuró un espacio porque en la ciudad es un trabajo más difícil encontrar esos espacios sagrados.  Lo importante son las ceremonias de comunicación con sus ancestros, que se alcanza a partir de conocer su lenguaje y que en este caso tiene que ver con el dialecto de la comunidad Quilmes.
Lo que hace el chamán es lograr que las fuerzas, las potencias de los espíritus colaboren en reacomodar las cosas que se han salido de lugar ( una dolencia, un conflicto, una pérdida ) .A través de sus técnicas y del relato hace pensable ciertas situaciones y hace formulable para el espíritu los dolores, las situaciones, que el cuerpo y la conciencia se niegan aceptar. Al conocer y comprender qué sucede y porqué -  desde este registro que es más representativo de su manera de pensar- se produce una experiencia específica en cuyo transcurso el conflicto se resuelve encausándose en un orden afín al sistema de pensamiento del enfermo y en un plano que el enfermo colabora para que se resuelva,  porque es conforme a su imaginario socio-cultural. Al final  se vence el desorden para encausarlo en un orden conveniente a su manera de pensar.
Dice L. Strauss, el chamán induce una experiencia que dialoga con la tradición colectiva ( una estructura ya existente) para ordenar algo que se ha desordenado, se ha desequilibrado ; de manera que en la ciudad se consulta  a un shamán para restaurar algo quebrado, algo alterado que no encuentra cauce desde la razón fragmentada pero sí desde el pensamiento de la totalidad de  las relaciones del hombre con el cosmos, con las cosas, con lo sagrado, y esto recompone la confianza, da seguridad, reafirma la identidad lo que nos habla de un acto  que tiene pretensiones ontológicas, de pertenencia, de reconocimiento y  afectivas, no se trata de  superchería, ni ignorancia, ni primitivismo.
El enfermo cree en ello, el chamán se siente intérprete de esta creencia y la comunidad también cree y reafirma en cada ocasión esta eficacia.
En nuestra sociedad moderna, explicarse la realidad o los hechos con los  mitos,  admitir la existencia formando parte del orden de lo sagrado tiene resonancia con el pensamiento originario de nuestra cultura humana. Lo sagrado no se puede entender con los marcos de representación racional de la realidad; Otto  señala que lo sagrado es la experiencia de lo totalmente otro, lo extravagante,   no en términos despectivos sino en términos de algo que no admite la razón, por eso le es totalmente extraño e incomprensible. Frente a lo sagrado la persona con fe experimenta lo majestuoso, con estupor, y  es una experiencia ontológica porque no necesita explicaciones de otro orden que no sea el propio, porque  pertenece al estado de lo que existe, de lo que es en el mundo y no está determinada por otras fuerzas.
Se trata de un lenguaje más que supo elaborar el humano a lo largo de su historia de construcción como social y cultural. Lo que lo diferencia de las maneras de curar en nuestra sociedad moderna es esa colaboración, retroalimentación  entre el enfermo,   hechicero, comunidad y formar de representarse el mundo del grupo ( ideología), una trama integrada donde cada uno halla su lugar.

                                                                                       Villa R. Bermejito .Chaco.Enero 2017.
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